martes, 21 de junio de 2016

PROYECTO: “EL CIRCO”

PROYECTO: “EL CIRCO”

DURACIÓN:
                                                                                                                                       FUNDAMENTACIÓN: El Circo es un espectáculo que atrae a grandes y a  pequeños y en él se combina la magia de la función  con el propio espíritu aventurero de los protagonistas. El montaje de las carpas, los malabaristas, acróbatas, payasos, etc. crean una atmosfera incomparable. Mantener un circo se ha convertido en algo demasiado costoso en nuestros días y muchos de ellos van desapareciendo. El empleo de animales no está permitido en algunos países.

OBJETIVO

*Valorar la cooperación y la ayuda, el trabajo  en equipo, solidaridad con otros.

CONTENIDOS
ACTIVIDADES
FORMACION PERSONAL Y SOCIAL:
*Valoración y respeto por la diversidad cultural, étnica de genero e ideas
*Independencia y autonomía
-Indagar saberes Previos
Dialogo grupal en ronda: expresar sus ideas, comprender a los otros.
¿Qué sabemos del  circo? ¿Cómo es? Roles de las  personas  que trabajan en el circo: Payaso, malabarista acróbata  etc.
Visitar un circo, disfrutar del espectáculo.

EL JUEGO:
Búsqueda de diferentes soluciones para resolver un mismo problema.
Juego Dramático: Pedir prendas a los padres para disfrazarse.
Jugar hacer malabares con pelotas, globos
Juegos de equilibrio: caminar por líneas o circuitos con obstáculos etc.
TEATRO:
*Proporcionar situaciones de espectáculos  que aproximen a los niños al lenguaje teatral para enriquecer sus posibilidades de expresión, imaginación y creatividad.
-Desarrollamos la imaginación: representamos una obra de teatro 
LENGUAJE
Prácticas de lenguaje. Hablar- Escuchar.
Lectura de imágenes, cuentos adivinanzas
EXPRESION ARTISTICA
Manipular distintos tipos de masa
Dibujar y pintar con fibrones, plasticolas de color, Collage.


 Fuente: Diseño Curricular de la Provincia

PROYECTO: “MI BANDERA ¡QUÉ LINDOS COLORES! ARGENTINA TE QUIERO “

PROYECTO: “MI BANDERA ¡QUÉ LINDOS COLORES! ARGENTINA TE QUIERO “

DURACION: 3 DIAS Y TODO  EL AÑO.

FECHA:

FUNDAMENTACIÓN: Las Banderas son insignias representativas de los grupos sociales, La Bandera Argentina celeste y blanca se luce en las instituciones, Actos Públicos, en los equipos deportivo (futbol, hockey, Rugby, etc.)
                                                                          

PROPOSITO
*Acercar a los niños al conocimiento y reconocimiento de nuestro símbolo patrio, su historia, valoración y propósito de identidad.
CONTENIDOS
ACTIVIDADES
FECHA
FORMACIÓN PERSONAL Y SOCIAL
*Favorecer en cada niño el desarrollo de la propia identidad.
- observamos ornamentación con los colores de la bandera y en ronda conversamos sobre nuestra bandera, los colores quien la creo. Porqué eligió esos colores.

JUEGO
*Promover espacios y tiempos de juegos dentro y fuera  de la sala a partir de múltiples propuestas que permitan al niño desplegar sus posibilidades lúdicas y dando lugar a su libre expresión
- juego con cintas, globos, aros, etc.   De color celeste y blanca.

AMBIENTE NATURAL Y SOCIAL
*Diseñar situaciones de Enseñanza que posibiliten que los alumnos amplíen y enriquezcan sus conocimientos acerca del ámbito social y natural
Música: escuchamos canciones de nuestra bandera, himnos, cantamos  canciones.


LENGUAJE
Habilitar la palabra para que todos los alumnos puedan expresar sus ideas.
EXPRESION ARTISTICA:
texturas

Escuchamos cuento referido a los ideales de Manuel Belgrano.
-pintamos con dedos, manos hojas para ambientar la sala  y el patio.

domingo, 6 de marzo de 2016

TRABAJO DE INVESTIGACION SOBRE COMPLEJO DE INFERIORIDAD-SUPERIORIDAD
                                  
                         


Autores: Maldonado, Maria Agostina
              Galdeano, Monica


AÑO 2016







INTRODUCCION
En el presente trabajo se muestra una reseña bibliográfica de Alfred Adler, un importante teórico de la personalidad. Al realizar la investigación pudimos encontrar la importancia de sus experiencias para la formación de los conceptos de su teoría de COMPLEJO DE SUPERIORIDAD E INFERIORIDAD. También se cita a diversos autores como Jung y su “Estructura de la psique”, Jorge Bucay y su obra “De la autoestima al egoísmo”, entre otros.
Con el objetivo de conocer y comprender el trastorno de la personalidad más frecuente en la actualidad, el complejo de inferioridad, realizamos dentro del ámbito educativo, Colegio Juan Pable II, con documentos académicos adquiridos en bibliotecas y sitios virtuales un extenso análisis sobre este tema. A través de pautas de la investigación científica basadas en analogías de distintas teorías de la psicología individual que trata esta psicopatía.
La indagación y exploración se comenzó en el mes de mayo de 2013, con fecha de finalización en el mes de septiembre del mismo año, en la provincia de San Juan-Argentina.















OBJETIVOS
·          Analizar distintas teorías y postulados de la psicología alderiana, tomando a Alfred Adler como el padre del concepto “Complejo de inferioridad”
·          Conocer distintos puntos de vistas que afectan a la persona y la llevan al desarrollo de esta psicopatía.
·          Comparar las teorías de Adler, Jung, Bucay, Dicaprio Nicholas, etc.
·          Estar al tanto del contexto en el que se elaboran los postulados.
·          Aprender a utilizar los métodos de investigación científica.
·          Realizar propias conclusiones y adquirir una postura individual ante la complejidad del tema.
·          Obtener nuevos conocimientos.

















HIPOTESIS
Muchas personas se pueden sentir inferiores en un momento dado, pero eso no quiere decir que tengan un complejo de inferioridad. Cuando decimos que alguien tiene sentimientos de inferioridad nos referimos a una persona que se siente inferior ante los demás de un modo más o menos permanente, no sólo en determinadas situaciones en las que su sensación de inferioridad puede deberse a algún motivo circunstancial y pasajero. Un complejo de inferioridad es algo más complicado: las personas que lo padecen son sujetos que, aun sintiéndose profundamente inferiores a los demás en uno o varios terrenos, no son capaces de admitirlo, y rechazan la idea de su inferioridad.                                                                                                                 A todos nos gusta saber que somos importantes y que el resto de las personas nos quieren, sobre todo si hemos tenido un mal día o un bajón anímico. Sin embargo, cuando esas palabras de aliento no llegan o pensamos que los demás no nos quieren, tendemos a pensar que no valemos nada, aunque no haya cosa más lejos de la realidad.                                                                                                                                   Esto es lo que se conoce como complejo de inferioridad, y ocurre cuando nos valoramos por debajo de lo que verdaderamente somos, exagerando nuestros defectos y no reconociendo nuestras virtudes. Esto dificulta en gran medida que nos relacionemos con otras personas, lo que a su vez crea un círculo vicioso de inseguridad en nosotros mismos y en lo que somos capaces de hacer.                                                                                     
























Comenzaremos hablando sobre distintas definiciones de personalidad para luego abocarnos en el concepto de trastornos de la personalidad, finalmente haciendo énfasis en el complejo de inferioridad-superioridad.
La personalidad es un constructo psicológico que se refiere a un uso dinámico de características psíquicas de una persona, a la organización interior que determina la manera en que actúan los individuos ante una circunstancia. El concepto puede definirse también como el patrón de actitudes, pensamientos, sentimientos y repertorio conductual que caracteriza a una persona y que tiene una persistencia y estabilidad a lo largo de su vida, de modo tal que las manifestaciones de ese patrón poseen algún grado de predictibilidad.
El concepto de personalidad proviene del término “persona”, denominación que se utilizaba para las mascaras que portaban los actores de teatro en la antigüedad. Sin embargo desde entonces se utilizaba el concepto para referirse a los roles de los actores teatrales.
El concepto paulatinamente se transfirió a otras esferas de la sociedad más allá del teatro, personas eran solamente los ciudadanos provistos de derecho, que gozaban la honra, prestigio y respeto a su dignidad.
En el contexto de ese desarrollo conceptual, la aparición del adjetivo “personal” facilito el desarrollo del sustantivo “personalidad”.
Actualmente se acepta como modelo más cercano al constructor de personalidad como modelo de los cinco grandes, en el cual se considera que los factores que subyacen a la personalidad son extraversión, neurotismo, amabilidad, experiencia y responsabilidad.
Sigmund Freud, medico neurólogo destacado del siglo XX por sus aportes psicológicos sobre enfermedades mentales y padre del psicoanálisis, consideraba que la personalidad se conforma alrededor de tres estructuras: el “ello”, el “yo” y el súper “yo”.
El “ello” es la única estructura presente al nacer y es totalmente inconsciente, consta de todos los impulsos y deseos inconscientes que constantemente buscan expresión, opera con el principio del placer, es decir, trata de obtener placer inmediato y evitar el dolor. Como el ello no tiene contacto con el mundo exterior solo tiene dos formas de obtener gratificación, una es a través de las acciones reflejas, la otra es a través de las fantasías a la que Freud llamo satisfacción del deseo. Una persona se forma una imagen mental de un objeto o situación que alivia el sentimiento incomodo. Es el centro biológico permisivo, contiene un deposito de todas las personalidades y no lo modifica la experiencia, ni el contacto con el mundo exterior.
El “yo” parte de la psique y se dirige a conservar la salud, la seguridad y la cordura de la personalidad al mediar entre las exigencias del ello y la realidad externa. Responde a las necesidades.
El “súper yo” parte del yo y sirve como depósito de los códigos morales, las normas de conducta y las inhibiciones que funcionan como consciencia, formación de ideales y auto observación. Imponen límites a la flexibilidad del yo.
Para Freud la personalidad es lo inconsciente, lo oculto y lo indefinido.
Relacionado a Freud encontramos a Carl Gustav Jung, quien fue colaborador en sus comienzos. Jung fue pionero del abordaje teórico y clínico de la estructura de la psique, sus estudios de la personalidad se centra en comprender las relaciones dinámicas entre los procesos conscientes e inconscientes. En un primer momento acepta los postulados de Freud sobre el tema, pero luego disiente, ya que Jung concebía a la personalidad como un conjunto de sistemas bipolares en interacción, cuyo potencial es congénito e indiferenciado y se asienta en el denominado inconsciente colectivo, este potencial a lo largo de la vida va actualizándose equilibrando los opuestos. La personalidad se constituye por la interacción entre lo consciente y lo inconsciente.
El inconsciente de Jung contiene imagen y emoción a la vez, es la parte de la personalidad que se hereda. La conducta que expresa la personalidad está regida en parte por el pasado, los instintos biológicos que socialmente son reprimidos. Dentro de el está presente el ánima y el animus, que se refieren a los aspectos ocultos de lo femenino y masculino.
Jung clasifica a los individuos en introvertidos y extravertidos dependiendo de su interés por el mundo exterior.
En 1902 se incorpora al análisis de Freud otro científico destacado, Alfred Adler, quien crea su propio sistema analítico basado en las compensaciones, nuestra integración en el medio. Adler crea así la psicología individual, donde lo importante es la persona, la cual debe integrarse en la sociedad y ser lo más feliz posible.
Adler era partidario del holismo , doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen, y se refleja por una parte en que su psicología se llamo individual porque creía que para entender a las personas, las deberíamos ver como un todo y no como un como una colección de varios trozos, por otra parte, porque al hablar de la personalidad se refería al estilo de vida de la persona, la forma de llevar los problemas, las relaciones interpersonales, en un ambiente determinado y no en el sentido de rasgos internos. También tiene una postura teleológica en lo que se refiere a la motivación, somos impulsados hacia nuestros objetivos e ideales y aunque no es fácil siempre queda lugar para el cambio.
Como conclusión, para Adler el concepto de personalidad se definía como [1]“conjunto integrado y organizado de características de un individuo que identifican su peculiar ajuste al medio”
Por otra parte, a partir de los anteriores conceptos pudimos adquirir una propia visión sobre el tema: el individuo no nace con una personalidad determinada, sino con cierta dotación que condicionará, en parte, el desarrollo posterior. La personalidad se conquista, se hace, se construye. Las condiciones heredadas se complementan y transforman a través de la experiencia, el aprendizaje, la educación, el trabajo, la fuerza de voluntad, la convivencia y el cultivo de la persona.
La personalidad puede experimentar perturbaciones que alteren su normalidad y la presenten como incoherente y desequilibrada. Este es el caso de las personalidades anormales o trastornos de la personalidad que, sin embargo, no constituyen propiamente enfermedades mentales. Sus características son: es incapaz de adaptarse al ambiente social, es inestable y desproporcionada en sus reacciones afectivas o sentimentales, es voluble, pues cambia constantemente de objetivos, no es objetiva en sus juicios, es decir, sus juicios no se ajustan a la realidad, sino mas bien son arbitrarias, no puede frenar debidamente sus caprichos y apetitos, presenta un marcado contraste entre lo que aparenta ante los demás y lo que efectivamente es, esto se debe a su afán de engañarse a mi misma y a los demás, tiene muy poca capacidad para amar y apreciar el valor de las demás personas. Las personas con trastornos de la personalidad generalmente no son conscientes de que su comportamiento o sus patrones de pensamiento son inapropiados; por el contrario, a menudo creen que sus patrones son normales y correctos. Cuando las personas con trastornos de la personalidad buscan ayuda por sí mismas (frecuentemente, a causa de frustraciones), tienden a creer que sus problemas están causados por otras personas o por una situación particularmente dificultosa.
Los trastornos de la personalidad incluyen los siguientes tipos: paranoide, esquizoide, histriónico, narcisista, límite, obsesivo-compulsivo y pasivo-agresivo. El trastorno de identidad disociativo, anteriormente llamado trastorno de personalidad múltiple, es un trastorno completamente diferente.
Las personas con una personalidad paranoide proyectan sus propios conflictos y hostilidades hacia otros. Son generalmente frías y distantes en sus relaciones. Tienden a encontrar intenciones hostiles y malévolas detrás de los actos triviales, inocentes o incluso positivos de otras personas y reaccionan con suspicacia a los cambios en las situaciones.                                                                                                                                   Las personas con una personalidad esquizoide son introvertidas, ensimismadas y solitarias. Son emocionalmente frías y socialmente distantes. A menudo están absortas en sus propios pensamientos y sentimientos y son temerosas de la aproximación e intimidad con otros.                                                                                                                       Aquellas personas que desarrollan una personalidad histriónica (histérica) buscan de un modo notable llamar la atención y se comportan teatralmente. Sus maneras vivamente expresivas tienen como resultado el establecer relaciones con facilidad pero de un modo superficial.                                              
Las emociones a menudo aparecen exageradas o infantilizadas.                                                    Las  personalidades narcisistas tienen un sentido de superioridad y una creencia exagerada en su propio valor o importancia, lo que los psiquiatras llaman “grandiosidad”.                                                                                                          La persona con este tipo de personalidad puede ser extremadamente sensible al fracaso, a la derrota o a la crítica y, cuando se le enfrenta a un fracaso para comprobar la alta opinión de sí mismos, pueden ponerse fácilmente rabioso o gravemente deprimidos.                                                                                                                    Las personas con una personalidad límite, la mayor parte de las cuales son mujeres, son inestables en la percepción de su propia imagen, en su humor, en su comportamiento y en sus relaciones interpersonales. La personalidad límite se hace evidente al principio de la edad adulta pero la prevalencia disminuye con la edad. Estas personas han sido a menudo privadas de los cuidados necesarios durante la niñez. Consecuentemente se sienten vacías, furiosas y merecedoras de cuidados.                                                                                Las personas con personalidad obsesivo-compulsiva son formales, fiables, ordenadas y metódicas pero a menudo no pueden adaptarse a los cambios. Son cautos y analizan todos los aspectos de un problema, lo que dificulta la toma de decisiones. Aunque estos signos están en consonancia con los estándares culturales de occidente, los individuos con una personalidad obsesivo-compulsiva toman sus responsabilidades con tanta seriedad que no toleran los errores y prestan tanta atención a los detalles que no pueden llegar a completar sus tareas.                                                                                                    Los comportamientos de una persona con una personalidad pasiva-agresiva (negativista) tienen como objetivo encubierto controlar o castigar a otros. El comportamiento pasivo-agresivo es con frecuencia expresado como demora, ineficiencia y malhumor. A menudo, los individuos con una personalidad pasiva-agresiva aceptan realizar tareas que en realidad no desean hacer y luego proceden a minar sutilmente la finalización de esas tareas.                         Ese comportamiento generalmente sirve para expresar una hostilidad oculta.
Otra de las afecciones que puede sufrir la personalidad son lo complejos. Para la psicología, un complejo está formado por un conjunto de emociones e ideas reprimidas y asociadas a las experiencias de la persona. Estas ideas inconscientes perturban el comportamiento del sujeto e influyen sobre su personalidad.                                                                                       Retornando a los estudios abordados por Carl G. Jung, podemos apreciar su “Teoria de los Complejos”. Evidentemente para el análisis de esta teoría, es importante comprender la noción psicológica de complejo que expone Jung, para lo cual en primera instancia, revisaremos los fundamentos principales con respecto a la experiencia de las asociaciones. Dado que tal como lo indicó Jung en su momento, el test de asociación de palabras fue el método que le permitió el entendimiento de los llamados complejos.                                                       A su vez, al revisar algunos experimentos sobre el mencionado test, se irá analizando la estructura y dinámica de estos complejos. En trabajos posteriores, el mismo autor señaló que el uso del test de asociación de palabras es una forma didáctica para evidenciar la presencia de los denominados complejos presentes en la mente humana.                                                                             Notamos así, la importancia que daba este psicólogo al complejo como una parte integral del inconsciente.                                                                                                          Asimismo, esta teoría contribuye al entendimiento de las psicopatologías. “De los complejos dependen el bienestar o el malestar de la vida personal”, refiere Jung.  Veremos como el estudio de la teoría de los complejos, al abrir un campo de conocimiento relativo a la dinámica psíquica, deriva en la comprensión de factores de desequilibrio, bloqueo, descompensación, inestabilidad, o quiebra, tanto en la neurosis como en las psicosis. A su vez, cabe mencionar que los complejos forman parte de todos los sujetos tanto sanos como enfermos, por lo que el complejo también es concebido por la psicología junguiana como elemento que permite la autorregulación y la homeostasis psíquica.                                                                                                         En lo que confiere a la experiencia de las asociaciones con relación al estudio de los complejos, Jung indica que el procedimiento es el siguiente: el psicólogo dispone de una lista de palabras, denominadas palabras inductoras, elegidas al azar y que no deben tener entre sí ninguna relación de significación, dado que es el sujeto quien debe realizar la asociaciones libremente. Luego, el experimentador invita al sujeto a que una vez escuchada la palabra inductora, reaccione inmediatamente diciendo la primera palabra que se le venga a la mente. Por ejemplo, el experimentador (E) dice: agua, luego el sujeto (S) dice: mar, (E) calor, (S) sol, preparado (E), reunión (S), etc
El experimentador, mediante el uso de un cronómetro está encargado, a su vez de la medición del tiempo que tarda el sujeto en reaccionar a la palabra inductora (estímulo). Este tiempo de reacción, se mide desde que el experimentador concluye de mencionar la palabra inductora, hasta que el sujeto pronuncia la primera sílaba de su respuesta. El experimento consta de en una lista de cincuenta a cien palabras.                                                                                                    Mediante este test y con la ayuda de ayuda de entrevistas psicológicas, Jung encontró que algunas respuestas del sujeto sufrían cierta irregularidad. Varios de estos cambios radicaban, entre otras cosas, en: tiempos de reacción prolongados, o demasiado cortos, cambios repentinos en la entonación de voz, el sujeto olvidaba la recomendación inicial y respondía con frases en lugar de una sola palabra, risas al contestar, repetición de la palabra inductora. Pues bien,  a estas perturbaciones, Jung denominó indicios de complejo. Cuando una palabra inductora solo alcanza la superficie de la consciencia el sujeto no tiene problema en responder normalmente, empero, en ocasiones estas palabras inductoras encuentran en el sujeto un contenido emocional que surge desde el inconsciente alterando su respuesta. Se podría decir que el sujeto no está preparado para controlar el estímulo exterior desencadenando en su interior un automatismo inconsciente. Jung menciona que luego de realizado el test, preguntaba a sus pacientes si habían notado alguna alteración de su parte al reaccionar a las palabras inductoras, ellos comúnmente le contestaban que no, que habían respondido normalmente a todas las palabras.[2] “La consciencia se siente inmediatamente fascinada; se vuelve hacia el interior y no percibe lo que pasa en el exterior”.                                                                                                                                                          En segunda fase del test, se vuelve al procedimiento anterior con el uso de las mismas palabras inductoras antes expuestas. Con la diferencia que en esta vez se le solicita al sujeto que responda con las mismas palabras que dijo en primera instancia. Se pregunta por ejemplo: ¿qué respondió a la palabra? el sujeto se acuerda o no de su respuesta, inclusive a veces cree acordarse pero da una respuesta diferente. Las reacciones olvidadas merecen ser consideradas como posibles indicios de complejos. Esto sin dejar pasar por alto la importancia de la observación clínica en el momento de realizar la evaluación, se deben de considerar; movimientos involuntarios, mirada perdida, sonrisa, etc.                                                                                                                                                                         La psicología forense hace uso de los principios metodológicos ya mencionados, en los interrogatorios criminalísticos. La distinción radica en que dentro de las palabras con las que se aborda al supuesto criminal, se incluyen aquellas relativas al crimen del que se lo acusa. Por ejemplo, se observan las reacciones del sujeto ante la palabra, en el caso de tratarse de un asesinato cometido con arma blanca. Asimismo se pueden mencionar elementos más sutiles relacionados al lugar donde se efectuó el crimen y registrar las reacciones.
En el año 1904 Jung publicó “El método asociativo”, donde probaba experimentalmente la existencia de complejos inconscientes y la unidad del psiquismo.                                                                                                           Entre 1906 -1907 descubre los complejos. Él los define como la agrupación de elementos psíquicos alrededor de contenidos de tono emocional.                                Finalmente, en 1913, el mismo año en que rompe con Freud, edita su “Teoría del psicoanálisis" que lo muestra como un eximio psicoanalista teórico y práctico.                                                                                                                                  Jung sostuvo que la educación provoca conflictos, puesto que confina al ser y le pone vallas “al lineamiento general de su vida”.                                                                           Distinguió tres etapas en la evolución de la personalidad:                                                         PRE -SEXUAL: abarca desde el nacimiento hasta principios del cuarto año de vida, y en la cual el crecimiento y la nutrición y el crecimiento son lo fundamental.                                                                                                                  PRE -PUBERAL: comprende desde los últimos años de la niñez hasta la pubertad.                                                                                                        MADUREZ: comprende de la pubertad en adelante.                                                                                                      La psicología compleja se inicia con la concepción de la psique es la suma de los procesos mentales. Se divide en cuatro zonas: la del Yo o yoica en la que se produce la conciencia del propio existir, la del conocimiento general, la del inconsciente personal, la del inconsciente colectivo.                                                                                                         En el análisis de las asociaciones descubrió un aspecto sumamente significativo: ciertas respuestas poseían un valor específico para la comprensión de la situación anímica del enfermo. La comprobación de este hecho indujo a Jung a reconocer la importancia de la observación del aspecto afectivo de las asociaciones para la “investigación experimental de los cambios emocionales patológicos y sus consecuencias”                                                        Con el experimento asociativo, Jung creó finalmente la base experimental gracias a la cual llegó a ser posible la emisión de juicios objetivos, independientes del criterio personal, sobre la existencia de complejos con tinte emocional en el fondo del alma.                                                                                         En sus estudios sobre la asociación estableció un estrecho parentesco entre complejo y trauma. Jung dio un paso más en su confrontación teórica con el trauma, es especial con el trauma sexual de la infancia, expuesto por Freud en 1896; llegó a considerar demasiado unilateral la importancia dada por aquél al significado inicial del trauma. Siempre fue característica de la psicología Junguiana su visión de la estructura psíquica como una totalidad. Le parecía que lo decisivo para la compresión de la vida psíquica era el tinte emocional que lo caracterizaba, es decir, la conexión existente entre el contenido y emoción. Para él se daba aquí una unidad psíquica superior. Cuyas propiedades de coherencia y estructuración se debía, en gran medida, a la conexión permanente entre el tono emocional y representación.                                                              Jung vio en la unidad de la psique el fundamento de las unidades estructurales de la psique bajo una doble perspectiva: transformaciones y símbolos de la libido.                                                                                          Estudiando el instinto, Jung logró discernir imágenes arcaicas y contenidos arquetípicos (1920) en algunos productos y procesos psíquicos inconscientes, que estaban profundamente enraizados en la vida instintiva. Con ello, la hipótesis junguiana de una predisposición constitucional cobraba entidad y se reforzaba la teoría del núcleo como portador de significaciones arcaicas y disposiciones pulsionales.                                            Jung coincidía con Freud en que los complejos con tinte emocional eran, en su mayoría inconscientes. A mayor grado de inconsciencia, tanto más incorregible e incontrolable es el complejo.                                                                                                                                          Tipifico el complejo del yo como “el conjunto más sólidamente asociado de la psique” que estaba unido indisolublemente al “tono emocional vital del propio cuerpo. Aunque veía en él el “centro específico de la individualidad” de cuya posición en la totalidad dependía fundamentalmente la salud de la persona.                                                                                                                       Los espíritus (pensamientos mórbidos o ideas completamente nuevas) considerados desde el punto de vista de la psicopatología, son complejos inconscientes autónomos en su proyección exteriorizada pues de suyo no poseen asociación directa del yo.                        Jung llegó a la conclusión de que el complejo inconsciente representaba una personalidad parcial inconsciente de la psique.                                                                                            Freud y Jung vieron en el conflicto, es especial en el conflicto moral, una importante causa de la formación de complejos (traumas), y al aumentar la intensidad, también el complejo traumático podía convertirse en punto de partida de tensiones y conflictos. Para Jung el conflicto era un inevitable hecho de la vida y de su proceso evolutivo, que no había que juzgar sin más como algo negativo.
Inicialmente vio Jung en la imagen arquetípica, a semejanza de la imagen originaria, una forma fundamental típica de una cierta experiencia anímica que siempre se repetía.   Se inspiró al principio de Platón, concibiendo la imagen arquetípica como una especie de posibilidad prefigurada de la facultad de representación que empujaba las vivencias en una determinada dirección. El arquetipo no procede de los hechos físicos, sino que, antes bien, refleja la forma en que el alma experimenta esos hechos.                                                       Los arquetipos son algo así como órganos de la psique pre racional. Son estructuras básicas características, que se heredan eternamente y que en su inicio carece de contenido específico. El contenido específico se da primero en la vida individual, en la que la experiencia personal se da precisamente en esas formas. El arquetipo era un “elemento estructural psíquico y por tanto una parte vitalmente necesaria de la economía anímica. Es una especie de disposición a reproducir siempre las mismas o parecidas representaciones míticas.                                                                                                             Para Jung los complejos tienen un carácter cuasi-instintivo. Actúan como instintos al generar reacciones espontáneas ante determinadas situaciones o personas, pero no son puramente innatos del mismo modo que lo son los instintos. En gran parte, los complejos son producto de la experiencia: trauma, interacciones y patrones familiares, condicionamiento cultural. Pero todo ello se combina con elementos innatos denominados por Jung imágenes arquetípicas, conformándose así la totalidad del complejo. Los complejos son lo que permanece en la psique una vez digerida y reconstruida la experiencia en forma de objetos internos, de ahí la equivalencia de los complejos humanos a los instintos de otros mamíferos. Las imágenes o complejos son instintos humanos construidos.                                                                                                                          La estructura del complejo está constituida por imágenes asociadas y recuerdos congelados de eventos traumáticos reprimidos en el inconsciente. El "pegamento" que entreteje y mantiene en su sitio los elementos asociados del complejo es la emoción.      Los complejos son creados por traumas. Previamente al trauma, la pieza arquetípica preexiste como imagen y fuerza que motiva, pero carente de la perturbación y angustias propias del complejo. El trauma genera en la memoria una imagen cargada emocionalmente que se vincula con una imagen arquetípica. La unión de las dos imágenes produce una estructura estable. La energía propia de dicha estructura permite a su vez enlazar más imágenes secundarias y constituir así una red psíquica. Con ello el complejo se extiende enriqueciéndose con experiencias similares ulteriores.                                                                        Resulta imprescindible clarificar que el concepto de trauma no remite exclusivamente a un conflicto de naturaleza externa sino también a un evento interno en la psique individual, a un conflicto moral derivado de la aparente imposibilidad de afirmar la totalidad de la esencia humana. Consecuentemente, todos disponemos de complejos en la medida en que su origen viene determinado no ya por traumas evidentes sino por la imposibilidad del ser humano de expresar la totalidad de su naturaleza al ser permanentemente coartada por las diversas limitaciones sociales y culturales.
Por ejemplo, si un hombre, por el carácter de sus respuestas emocionales, le recuerda a una mujer el trato ofensivo que recibió de su padre, es muy probable que provoque la constelación del complejo paterno de esa mujer. Si la mujer se relaciona con ese hombre temporalmente, se irá agregando material al complejo. Si el hombre llega a abusar de ella, el complejo paterno negativo aumentará y se reforzará, la mujer se volverá aún más reactiva a situaciones en las cuales se produce una constelación del complejo paterno. Cada vez más, tratará de evitar cualquier contacto con hombres parecidos o puede que se sienta irracionalmente atraída hacia ellos. En ambos casos la vida de esa mujer se va haciendo cada vez más restringida por el complejo. Cuanto más fuerte es el complejo, más se restringe el rango de libertad de elección del yo.
Concretamente, el complejo puede ser entendido como un imán que atrae hacía sí, todo tipo de cosas a su alcance. Siendo una especie de componente en el interior de la psique del sujeto que lo condiciona constantemente [3]“…el sujeto vive en función de su complejo como si viviera un inmutable prejuicio original”. A pesar de lo malo que puedan resultar los complejos, es justo decir que Jung cree que estos son una parte de la psique de todas las personas.                                                                                                         La teoría de los complejos de Jung fue pilar fundamental para sus posteriores escritos en el campo de la psicología analítica. Fue precisamente ésta teoría la que llamó la atención de Sigmund Freud a inicios del siglo XX. Freud estaba convencido de que lo Jung describía con el término complejo, era evidencia de que el inconsciente era la fuerza principal en la mente humana y no la consciencia como se creía.                                                                                    En síntesis, para Jung, los complejos son personalidades parciales inconscientes que tienen una vida autónoma propia. Representan una especie de «imperio en un imperio». Esto quiere decir que están dotados de una fuerte unidad cohesiva. En principio, cualquier vivencia puede transformarse en un complejo autónomo que exprese la dimensión incumplida de la vivencia. El complejo representa aquel aspecto de la personalidad humana que ha sufrido una frustración. De ahí que pueda haber una gran diversidad de ellos. El tipo de complejo inconsciente que tiene cada persona se manifiesta siempre en su comportamiento, el cual no suele llegar a hacerse incompatible con las normas de convivencia. Otras veces los complejos conducen a verdaderos estados de desequilibrio psicofísico, que impiden una relación fructífera con el medio; el resultado es la neurosis.                                                                                                                      El psicólogo clínico José Gregorio Domínguez complementa la idea de Jung añadiendo que el complejo afecta el comportamiento y el desarrollo del ser humano porque tiene una función constitutiva si se quiere. Éstos designan un conjunto más o menos organizado de rasgos personales, haciendo recaer el acento fundamentalmente sobre las reacciones afectivas y se refiere a la columna vertebral de las relaciones interpersonales y la forma en que la persona encuentra en ella su lugar. Tal y como decía Jung, éstos pautan nuestra forma de ser. Es decir, según esta teoría, el ser humano se estructura a través de los complejos, gracias a las representaciones y emociones surgidas de las vivencias infantiles que marcan las relaciones interpersonales.                                                                                                                                     Domínguez hace la aclaratoria de que cuando hablamos de alguien acomplejado estamos reduciendo la noción a un núcleo patógeno o negativo que convendría eliminar. El psicólogo mantiene que en cierto sentido se puede afirmar que somos cautivos de nuestros complejos por el rol fundamental que se mencionaba antes, ya que la estructura psíquica conforma a partir de éstos, en particular del de castración y de Edipo – los cuales se explicarán más adelante- y una vez instituida quedamos sujetos a dicha base.  En cuanto al origen de éstos, mantiene que dependen de las relaciones interpersonales, sobre todo las de la infancia, y las representaciones y sentimientos que de éstas se deriven. No puede señalarse que sean causados por la genética, sino más bien por el entorno, porque si bien pueden existir factores predisponentes, el complejo depende de la interacción con los otros. Tampoco puede decirse que sean aprendidos, porque se juegan aspectos que exceden a los modelos de aprendizaje; no se limitan a ser algo que se guarda en el disco duro, por así decirlo. Los complejos dejan un margen de elección al sujeto, con lo cual no queda a merced de los estímulos y las respuestas.                                                        También asevera, de manera determinante, que es imposible que los complejos no interfieran en la vida de las personas, puesto que han contribuido a hacerlos quienes son; al igual que resulta imposible sustraerse a las representaciones, emociones y relaciones que han marcado nuestra vida. Citando a Sigmund Freud, “un hombre no debe luchar para eliminar sus complejos, sino para reconciliarse con ellos”, puesto que “son los que legítimamente dirigen su conducta en el mundo”. Para el especialista esta es una dirección clínica importante, puesto que deja explícitamente claro que el alivio de los síntomas y del malestar que puede sentir un paciente -y que en ocasiones, es lo que coloquialmente se denomina complejos- deben tratarse, hacerse menos mortíferos produciendo alivio, pero nunca podrán ser eliminados.                                                                                                                      Junto a los complejos de conocimiento más difundido, existen otros que poseen la particularidad de llevar el nombre de personajes históricos, figuras mitológicas o protagonistas de obras literarias o bíblicas. En cuanto a la relación que existe entre la mitología y el nombre de algunos complejos, Domínguez lo atribuye a la atracción que sentía Freud por estas leyendas, basándose en la tragedia griega para orientar su elaboración teórica; hace también la salvedad de que fue Jung quien propuso el análisis de la mitología y quien apuntaló la noción de complejo, adjuntándole alguna referencia de tipo fabulosa. Los complejos de la personalidad más conocidos son: Agar y Sara; Aquiles; Brunilda; Caín; Elektra; Judas; Otelo; Peter Pan.
A continuación se hará referencia a algunos de los complejos más difundidos actualmente.
El Complejo de Agar  y Sara es padecido por los hombres cuando de manera consciente o inconsciente dividen a las mujeres en dos grupos.                                                                En uno de los grupos en los que podemos encontrar a las abuelas, las madres, las hermanas, las tías, o a las profesoras, pertenece al grupo de las mujeres buenas, puras e intocables. El segundo grupo lo formarían las mujeres malas. Estas son las mujeres que son utilizadas para la satisfacción sexual, no entra en este terreno el amor o el respeto. Son mujeres a las que consideran indignas de ser amadas.                                                  
Nosotras creemos que este complejo existe en todos los hombres pero no de una manera obsesiva que pueda dar lugar a una enfermedad mental, el problema se presenta cuando se convierte en obsesión o no pueden ver a ninguna mujer fuera de su entorno familiar como mujer buena o al contrario cuando no puede separar a la madre de las mujeres malas.                                                                                                                                                       El hecho fue anotado por Freud y bautizado por la psicoanalista francesa Maryse Choisy, aludiendo a un episodio bíblico.                                                                                    Agar fue una esclava egipcia, concubina de Abraham, madre de Ismael.
Debido a la esterilidad de Sara, cuenta la biblia que Sara empujó a su marido  Abraham a tener descendencia a través de Agar, de la que nació Ismael, del que desciende los ismaelitas. Agar, después de haberle dado un hijo a Abraham fue maltratada por Sara y  expulsada, solo le quedó vagar  por el desierto. Y salvo que un ángel le dijo que su descendencia sería tan grande como los granos de arena del desierto, nada más se sabe de ella.                        De donde podemos deducir que Agar representa a la mujer que solo sirve para tener sexo sin amor, a pesar de que fue Sara y no Abraham la que vió un peligro en Agar, y por eliminación Sara, la esposa, a pesar de ser estéril, o precisamente por eso, la mujer pura y dignificada.                                                                                                               La tendencia a mostrarse poderoso e invulnerable, para ocultar desesperadamente que se es frágil y delicado, la impotencia o la homosexualidad, se denomina complejo de Aquiles. Su origen proviene de la leyenda de Aquiles, el héroe de La Iliada, al que su madre, Tetis, sumerge en el río de Estigia, cuando bebé, para hacerlo inmortal; como el agua nunca toca su talón, pues de ahí lo sujetaba, se convierte en su único punto vulnerable.                                                                                                                                        La inclinación femenina a ver a su “príncipe azul” precisamente como eso, como el héroe de la película, para después el matrimonio darse cuenta de que el galán en cuestión no era más que un ser humano de carne y hueso, por lo que decide hacerle pagar caro el haberla “engañado”, este tipo de complejo recibe el nombre de Brunilda. Su origen proviene del mito escandinavo de la valquiria Brunilda, quien promete al rey Gunter casarse con él si vence tres pruebas, así que el rey se hace de la ayuda del héroe Sigfrido para superar el reto, sin que Brunilda se entere. Gunter logra vencer y se casa con la valquiria, que más tarde descubre el engaño y lo cobra con la vida de Sigfrido. Con todo y eso, ella decide seguirlo al otro mundo.                                                                              El complejo de Cain es la disposición adversa hacia el benjamín de la familia, que es considerado por el primogénito como el intruso y ladrón de los privilegios que sólo a él pertenecen. Proviene de la historia bíblica en la que el primogénito de Adán y Eva, Caín, celoso por la preferencia de Dios hacia su hermano menor, Abel, decide resolver el pequeño problema despachándolo con una quijada de burro.                                                                El miedo absurdo de una mujer a tener un encuentro cercano del tercer tipo con el sexo opuesto, se denomina complejo de Dafne. Se origina con el mito griego de Dafne y Apolo, en el que la ninfa es el motivo de los desvelos y humedades del dios, hasta que un día, en plena huida de los divinos apetitos carnales, Dafne pide ayuda a Zeus; éste la transforma en un laurel, a partir de entonces, se convierte en árbol consagrado al dios Apolo.                                                                                                                                            La contrapartida del Edipo, es decir, la fijación ofuscada y singular de la hija por el padre o, visto desde otra perspectiva, la debilidad femenina por los hombres mayores. Es el complejo de Elektra del mito griego de Elektra, hija de Armagedón y Clitemnestra, quien sugirió “sutilmente” a su hermano, Orestes, que vengara a su padre matando a sus asesinos, que no eran otros que su madre y su amante, Egisto.                                                              
El impulso a traicionar a quienes se cree que pueden llevarse la banda de honor en cualquiera de los aspectos de la vida, dejando al acomplejado en evidencia de su nula capacidad. Como diría Iván Ilich: “Muchos miden su éxito por el fracaso de los demás”.                
El complejo de Otelo se define como la inseguridad absoluta y angustiante inquietud de que la media naranja, objeto indiscutible de nuestra propiedad, tiene la capacidad de ser infiel. Su origen deriva del drama de Shakespeare, Otelo, que narra la historia del rey moro, quien vive convencido de que su esposa, Desdémona, la engaña con su amigo.             
La búsqueda alucinante de la eterna juventud y de la libertad, así como la negación absoluta de querer crecer para adquirir sabiduría y la plenitud, lleva por nombre complejo de Peter Pan. De origen en el cuento que lleva su nombre.                                          

Una vez desarrollados los anteriores conceptos, haremos énfasis en el centro de esta investigación, el “complejo de superioridad-inferioridad”.                                             Un complejo de inferioridad, en el campo de psicología y psicoanálisis, es un sentimiento en el cual de un modo u otro una persona se siente de menor valor que los demás. Normalmente es inconsciente y se piensa que lleva a los individuos afligidos a sobre compensar, resultando o en exitosos logros o en comportamiento esquizotípico severo. En contra de un sentimiento normal de inferioridad que puede actuar como motivación para lograr objetivos, un complejo es un estado avanzado de desánimo y evasión de las dificultades.
El complejo de superioridad es un mecanismo inconsciente, neurológico, en el cual tratan de compensarse los sentimientos de inferioridad de los individuos, resaltando aquellas cualidades en las que sobresalen. Es lógico pensar que cada individuo posea aspectos positivos y otros negativos. Posiblemente los aspectos negativos del ser son obviados por su psiquis para obcecarse sólo con los positivos. El término fue establecido por Alfred Adler. La exhibición del complejo de superioridad, generalmente, se proyecta hacia los sentimientos de inferioridad con respecto a los demás. Las razones más comunes de estos complejos con sentirse "apartado" de los grupos sociales, por no presentar las mismas características que el resto de las personas. En el resto de las personas, al estar con una persona con este tipo de complejos, se puede llegar a pensar que son arrogantes o que quieren hacerse destacar por aspectos banales.                                                                                                                                              

Adler hace referencia a su teoría con respecto a la teoría sobre inferioridad y superioridad como eje de su corriente, el complejo de inferioridad considera la percepción de desarraigo que un individuo obtiene a causa de haber padecido una infancia mala, plena de burlas, sufrimientos, rechazos, etc. Respecto del Complejo de superioridad, considera que es la consecuencia del proceso de transferencia que busca esconder la inferioridad percibida, con la pretensión de ser superior a los demás, en algún aspecto vital. Se podría decir, en términos de Jung, que la percepción de Superioridad es la consecuente reacción a un sentimiento de inferioridad no expresado externamente, maximizando hacia el exterior aquellos aspectos en que (por transferencia de objetos, o por observación diferencial) consideramos destacar del comportamiento colectivo aparente. Es una maximalización subjetiva del hecho sincrónico que nos lleva a buscar aquello que los demás consideran insólito, en nosotros mismos. En realidad, el síndrome de Superioridad es una consecuencia de un previo Complejo de inferioridad mal resuelto. Quien no siente la "inferioridad", no precisa exhibir su "superioridad"; por otra parte, quien es claramente superior, es así percibido por los demás, sin requerir una manifestación mayor. Una de las contribuciones más importantes de Adler a la psicología fue, como se mencionó antes los postulados del complejo de inferioridad y de nuestra necesidad de compensar los sentimientos de inferioridad. En el sistema de Adler, el proceso de la lucha por la superioridad fue una reformulación significativa del concepto de Nietzsche de la voluntad del poder, explicado con anterioridad.
Además de considerar la vida del individuo como un todo unificado, tenemos también que examinarla en su contexto de relaciones sociales. No debemos olvidar que los seres humanos son débiles al nacer, y su debilidad hace necesario que otros cuiden de ellos. El patrón de vida de los niños no se puede entender sin referencia a los cuidadores primarios que de una u otra forma compensan su debilidad. Lo que es aplicable a los niños se puede aplicar hasta cierto punto, a todos nosotros. La debilidad que hace necesario que los niños vivan en un grupo familiar es similar a la debilidad que lleva a la gente a vivir en comunidades.
Todos los individuos se sienten deficientes en ciertas situaciones. Se sienten
abrumados por las dificultades de la vida e incapaces de superarlas por si solos. De ahí que una de las más fuertes tendencias de la humanidad haya sido la propensión a formar grupos para vivir como miembros de la comunidad y no como individuos aislados. Esta vida social ha sido, sin duda alguna, una gran ayuda para que superemos nuestros sentimientos de deficiencia y de inferioridad. Está comprobado que un ser humano no dispone de fortaleza para vivir solo. El comienzo de la vida social se asienta, por lo tanto, en la debilidad del individuo.
Debido a esto no podemos esperar que sean iguales las capacidades de todos los seres humanos. Pero una sociedad que esté adecuadamente organizada se apoyará en las diversas capacidades de los individuos que la componen. Es importante comprender este punto porque si no estaríamos limitados a
Juzgar a los individuos únicamente por sus capacidades heredadas.
Así pues el sentimiento de inferioridad y el problema del entrenamiento social están íntimamente relacionados. El sentimiento de inferioridad surge de la inadaptación social, mientras que el entrenamiento social es el método básico por el que podemos superar nuestros sentimientos de inferioridad.
Aunque el sentimiento de inferioridad y la lucha por la superioridad son universales, sería un error considerarlo como una prueba de que todo mundo es igual. Hay diferencias en la fortaleza física, en la salud, en las circunstancias externas. Por esta razón los individuos en condiciones aparentemente similares cometen errores diferentes. Si observamos a los niños, vemos que no tienen una forma absolutamente fijada ni una manera correcta de responder a sus circunstancias. Responden a su propia manera individual. Luchan por un mejor estilo de vida, pero cada uno lo hace a su manera peculiar, cometiendo sus propios errores y utilizando sus propios tanteos hacia el triunfo.
La clave del proceso social es el hecho de que las personas están siempre luchando para encontrar una situación en la que puedan sobresalir. De este modo, los niños que tienen un fuerte sentimiento de inferioridad quieren excluir a los niños mayores y juegan con los más pequeños o con los más débiles, a los que pueden dominar. Esto es una expresión anómala y patológica del sentimiento de inferioridad, porque es importante darse cuenta de que no es el sentimiento de inferioridad, en sí mismo lo que importa, si no su grado y su expresión.        
Al sentimiento de inferioridad anómalo se le da el nombre de “complejo de
inferioridad”. Pero la palabra complejo no es correcta para un sentimiento que impregna toda la personalidad. Es algo más que un complejo, es casi una enfermedad cuya gravedad difiere según las circunstancias. Por tanto a veces no percibimos el sentimiento de inferioridad de algunos cuando están en el trabajo, porque están seguros de su capacidad, pero pueden no estar seguros de sí mismos en compañía de otros, especialmente en sus relaciones con el sexo opuesto, y ahí podemos descubrir su verdadera situación psíquica. Los errores son más evidentes en una situación tensa o complicada. El prototipo aparece más claramente cuando un individuo está en una situación nueva o difícil, y las situaciones difíciles son más comunes que las nuevas, es por eso que la psicología Adleriana asegura que la expresión del grado de interés social de una persona se hace evidente en una situación nueva, una persona que siente incertidumbre, normalmente
permanece en la duda y no consigue nada.
Adler realizó varios estudios sobre las inferioridades de los órganos e incluso estableció datos importantes publicados en la teoría de la inferioridad orgánica, tomando en cuenta ante todo las causas, manera de comportarse, manifestación exterior y cambios en el modo de funcionar de los órganos llamados inferiores, estudios profundos que le llevaron a plantear la teoría de la compensación por el sistema nervioso central, así como ciertas consideraciones sobre psicogénesis, de esta manera Adler destacó la relación entre la inferioridad de los órganos y la sobrecompensación psíquica: “El sentimiento de padecer una inferioridad orgánica obra sobre el individuo como un estímulo continuo en su desarrollo psíquico[4]”. Bajo esta tesis Adler demostró lo fácil que es, sea por la
observación en los niños o por una buena anamnesis en los adultos, reconocer que la posesión de órganos inferiores afecta la vida psíquica disminuyendo al individuo ante sí mismo y aumentando su sentimiento de inferioridad e inseguridad[5]. Pero Adler testificaba que precisamente de esos sentimientos de inferioridad e inseguridad surge una lucha constante para afirmar la propia personalidad, de una intensidad mucho mayor a la normal: A medida que la fuerza de acción del órgano inferior compensado aumenta cualitativa y cuantitativamente, el niño con predisposición neurótica, preso en su sentimiento de inferioridad, halla en si mismo los medios, a menudo sorprendentes, para elevar el sentimiento de su propio valor.
En el libro “El carácter Neurótico” Adler nombra varios científicos, autores
renombrados que han realizado estudios sobre la relación entre la deficiencia de ciertos órganos y la estrecha relación con la psiquis entre ellos nombra los trabajos de: Stiller, Anton, Otto Gross, Bouchard, Comby, Kreibich, y muchos otros más, cuyos ensayos realizados en las últimas décadas han establecido relaciones entre ciertos estados mórbidos y las inferioridades constitucionales, pues lo que todos estos ensayos tienen en común es la acentuación que ponen sobre la herencia y los caracteres infantiles, así como la idea común de todos estos autores con respecto a la
predisposición patológica que se deriva de la inferioridad orgánica[6]. La diferencia entre estos autores y Adler consiste en que considera asegurado el equilibrio orgánico – psíquico mediante la compensación. Adler explica que a partir del momento en que el individuo se separa del cuerpo materno, los órganos y aparatos inferiores se ven obligados a entrar en la lucha con el mundo exterior, lucha inevitable y más violenta que la que deben sostener los órganos normales. No obstante asegura que los órganos inferiores están dotados de una gran potencia de compensación y sobrecompensación, que aumenta la capacidad de adaptación al individuo a los obstáculos comunes y extraordinarios y que favorece la creación de formas y funciones nuevas y superiores “Los órganos de inferioridad de condiciones brindan, una mina inagotable de materiales de experimentación, sobre cuyas características originarias el organismo trabaja, elabora, elimina, corrige, a fin de acomodarlo a nuevas condiciones de vida”[7]
Debido a este sentimiento de inseguridad el individuo y más el neurótico, orienta constantemente sus pensamientos hacia lo porvenir. Toda la vida del presente se le antoja como un preparación para el futuro, y ello contribuye a estimular su fantasía y a distanciarlo cada vez de la vida real e inmediata; Adler realiza una comparación con la vida religiosa pues asegura que el reino del neurótico no pertenece a este mundo, como el religioso es incapaz de abandonar su divinidad, alimentado de esta manera sus ideas ficticias, creando un mundo perfecto es decir fuera de problemas permitiendo desempeñar el papel de un “héroe mártir” como los llama Adler, logrando “superar” esos obstáculos creados por sí mismo, de esta manera logra elevar una vez más su sentimiento de personalidad.
Después de lo expuesto y analizado, es fácil comprender que todas las
representaciones de deseos pueden alcanzar altísima intensidad, y también que los logros rara vez llegan a dar completa satisfacción. Puede decirse que el neurótico “lo quiere todo”. Este deseo insaciable va de la mano con la aspiración a ser el más fuerte.
Por otro lado las etapas y vivencias importantes del individuo como los exámenes, la elección de una carrera, entre otras; exaltan o modifican las actitudes preparatorias frente a la vida. Todos estos acontecimientos tienen algo en común; la expectativa de nuevos acontecimientos, lo cual para el individuo y más si es neurótico supone nueva lucha y nuevo riesgo de verse derrotado. “El desencadenamiento de una neurosis o una psicosis supone la exacerbación de su predisposición neurótica, en la cual se hallan siempre rasgos de carácter defensivos como por ejemplo acrecentamiento de
la hipersensibilidad, mayor precaución, ira, minuciosidad, obstinación, espíritu avaricioso, descontento, impaciencia, etc.”[8]
Así Adler llegó a la conclusión que es el sentimiento de inseguridad el que lleva al neurótico a refugiarse en ficciones, líneas de orientación, ideales y principios.
También en el individuo sano, encontramos líneas de orientación, ideales y
principios, pero este los utiliza como un recurso auxiliar para distinguir lo alto de lo bajo, la izquierda de la derecha, lo justo de lo injusto, además el hombre normal no pierde su objetividad y puede liberarse de estas ficciones abstractas toda vez que deba adoptar una decisión ajustada a la realidad. El hombre sano tampoco clasifica los hechos del mundo en rígidos contrastes, si no, que por lo contrario, en todo momento procura liberar su pensamiento y su conducta de su ficticia línea directriz a fin de armonizarlos con la realidad, con sus leyes y exigencias. Emplea sus ficciones sólo en razón de su utilidad práctica como medio de abordar la vida.
Se considera importante realizar una pausa para explicar la importancia que tiene el entender el sentimiento de inferioridad como realmente Adler lo quiso expresar, de esta manera en el libro Superioridad e Interés social escrito por Heins L. Ansbacher y Rowena R Ansbacheren el capitulo 4 “Ventajas y Desventajas del sentimiento de inferioridad, 1933: “De los primeros escritos de Adler se tiene la impresión de que para él la fuerza dinámica del afán de superioridad se origina en los sentimientos de inferioridad y representa el esfuerzo para compensar tales sentimientos. El
sentimiento de inferioridad sería primario a la lucha.
 El sentimiento de inferioridad dio a entender claramente que debe comprendérsele como secundario al afán de superioridad. Primero, se describe extensamente al individuo como orientado, finalmente hacia una meta de perfección, seguridad y consumación, como luchando por la superación y la superioridad. Solamente en contraste con este fundamento el individuo experimenta una “situación negativa” que se refleja en “sentimiento de,inseguridad, inferioridad”.
Todos los seres humanos tenemos un estilo de vida formado desde nuestro pasado sin someterse a cambios extremos, puesto que las respuestas son las mismas en cualquier circunstancia, son inalterables hasta que el individuo reconozca sus errores con respecto a sus actuaciones para consigo mismo y los demás e intente corregirlos. Todo individuo tiene tendencia hacia la superación o al afán de superación, esto se le atribuye particularmente a sentimientos opresivos de tensión que surgen de un estado de incompletud. El afán de perfección conocido también como afán de superioridad o afán de poder es innato, sin embargo no es innato de un modo concreto, ya que lo encontramos una y otra vez en los diferentes individuos con múltiples variantes. No es innato en el sentido de una tendencia que más tarde, en la vida, sería capaz de llevar todo a la consumación y que solamente necesita desenvolverse. Más bien es innato como algo que pertenece a la vida, una tendencia, un impulso, un desarrollo, un algo sin el cual no se podría siquiera concebir la vida.
Para entender el afán de superación se debe tomar en cuenta los procesos evolutivos, pues el concepto de la vida como desarrollo ya no puede ponerse en duda. Así se descubre al mismo tiempo un movimiento, movimiento hacia la autopreservación, la procreación, el contacto con el mundo circundante, el contacto victorioso para no perecer.
Establecer una relación favorable entre el individuo y el mundo circundante es una cuestión de superación, parte de la existencia de la raza humana. Por lo tanto esta coerción para llevar a cabo una mejor adaptación nunca dejará de existir. En esto se basa el fundamento para entender y reflexionar sobre el afán de superación propuesto por Adler, pues hoy en día se ha dado crédito a la creencia de que la tendencia a la perfección es un factor innato que está presente en todo hombre. Existen concepciones individuales de la superación, está claro que ninguno de nosotros sabe cuál es el único camino correcto hacia la perfección. La humanidad ha hecho distintos intentos de imaginar esta meta final del desarrollo humano, por ejemplo la idea de la existencia de un ser supremo “Dios” que de una u otra forma permite entender desde su significado como un modelo o una meta a alcanzar la perfección, a pesar de que cada persona tenga interpretaciones distintas
de “Dios”. Una persona enferma, alcohólica, drogadicta, o que se ha convertido en delincuente, en estos casos también existe esta meta de superioridad pero se encuentra en otra dirección, una dirección que contradice a la razón. Cuando alguien tal vez encuentra la meta de perfección en dejar las tareas de la vida sin resolver para no sufrir ciertas frustraciones que serían lo opuesto a la meta de perfección, esta meta también nos parece completamente impropia, aunque a muchas personas les parezca aceptable.
Es necesario para el individuo encontrar un camino medianamente correcto hacia la meta de alguna clase de perfección.
Siempre se encuentra el sentimiento de incompletud, de inseguridad de inferioridad como motivo central en este campo de fuerzas. La situación negativa está en la base de toda forma psicológica de expresión. Guiada por la meta individual de consumación, da el ímpetu a la progresión, de la misma manera como surge el desamparo e imperfección de la niñez, y como ha obligado a toda la humanidad a buscar desde el fondo de sus necesidades una cultura que le de seguridad.
La psicología sostiene que la experiencia de la presión acrecentada en la niñez aumenta el sentimiento de inferioridad y así perturba la oportunidad de lograr un interés social de grandes alcances.
Como ya se había expuesto, Alfred Adler pensaba que la vida del ser humano era una lucha permanente, desde el nacimiento, por la superación de problemas y de dificultades. Todo ser humano en su niñez se encuentra en una situación frente a su medio que podríamos definir de inferioridad, ya que no sería capaz de sobrevivir si no fuera por los cuidados de las personas que lo rodean, por lo que la vida de toda persona comienza con la marca que da un sentimiento de inferioridad con relación a su medio. Todo niño posee la inclinación a considerarse débil y pequeño, insuficiente e inferior a quienes lo rodean por el hecho que estas personas son personas mayores. Esta disposición anímica provoca que no pueda tener en sí mismo la confianza esperable para el desenvolvimiento diario, lo que refuerza el sentimiento de inferioridad. Este sentimiento de inferioridad se convierte en la fuerza impulsora de la cual surgen los afanes y deseos de todo ser humano; se podría decir, luego, que esta condición de inferioridad tiene un fuerte efecto sobre el sistema motivacional del ser humano. El profundo sentimiento de inferioridad que se genera en la persona en desarrollo puede aumentar aún más con ciertas circunstancias, como son las normas que por costumbre se aplican al comportamiento de los niños, como a la relación que se establece con ellos, en las cuales el niño no es tratado como un igual, sino como alguien en un nivel inferior tanto en el ámbito intelectual como en el ámbito social.
El sentimiento de inferioridad lleva, ya desde la niñez, a la formación de un objetivo o meta de vida que le proporcione una aparente superioridad sobre su mundo circundante, llevando a que todo lo que se hace por un significado o en búsqueda de la consecución de una meta este motivado, en el fondo, por este deseo de superioridad. La existencia no se encuentra motivada por fuerzas homeostáticas, por una tendencia a la supervivencia, ni por la búsqueda del placer y de la evitación del dolor. La más importante de las fuerzas que mueven la conducta de la persona es el esfuerzo por ir de una condición inferior a una superior, de menos a más, de abajo hacia arriba. Este afán o deseo por la superioridad se expresa de muchas maneras: en el deseo de ser el alumno más destacado, ser el mejor en el deporte que se practica, en el ansia de gobernar a los otros, en fin, en una innumerabilidad de formas.
Para las personas que tienen un desarrollo y un funcionamiento normal, la lucha por la superioridad toma la forma de la búsqueda de la perfección de sí mismo. Cuando un ser humano ha logrado un elevado grado de superioridad, en cuanto a la perfección de sí, pasa a ser una persona individualizada, funcional, maduro, o que ha obtenido la autorrealización. Cuando la búsqueda de la perfección de sí mismo se encuentra guiada y enmarcada dentro de un sentido social y comunitario, pasa a ser la expresión más saludable de la lucha por la superioridad. Los motivos sociales deben ser fomentados por el medio y por la familia a temprana edad a través de un
trato basado en la tolerancia y en el afecto. Sin este tipo de estimulación, se hace muy probable que predominen en la lucha por la superioridad sus formas más bruscas, como lo son la agresividad y el deseo de poder por sobre el otro, que se caracterizan por su falta de sentido social y por la presencia de motivaciones egoístas, los que pueden ser considerados como señales de una anormalidad en la búsqueda de la superioridad. Las personas pueden ocupar estrategias para compensar la inferioridad o la debilidad, las que Adler denominó compensación. Cuando este esfuerzo es extremo y se dirige a probar superioridad sobre los otros más que al perfeccionamiento del ser, la compensación deja de ser saludable, transformándose en una sobre compensación que es el resultado de un sentimiento de inferioridad, como reacción a la insuficiencia; es motivada por la búsqueda de seguridad, poder y superioridad.
Adler realizó varios estudios respecto a esta teoría y encontró que varias personas llamadas “sobresalientes” presentaban alguna imperfección orgánica y esto le dio la impresión de que la vida de estas personas corrió peligro al inicio, pero que lucharon y se sobrepusieron; Es así como Adler extendió la investigación de la inferioridad orgánica al estudio del sentido de inferioridad psicológica y puso en circulación por llamarlo así al termino complejo de inferioridad. Como ya se explicó Adler creía que los niños están afectados profundamente por un sentido de inferioridad, consecuencia
inevitable de su talla y su falta de poder. Las propias experiencias de Adler como niño lo llevaron a destacar la importancia de su concepto: “Uno de mis primeros recuerdos es estar sentado en una banca, vendado, debido a mi raquitismo, con mi saludable hermano mayor sentado frente a mí. Él podía correr, saltar, moverse sin hacer mayor esfuerzo, mientras que para mí cualquier movimiento implicaba lucha y esfuerzo”[9]. Las experiencias de todos los niños incluyen sentimientos de debilidad, incompetencia y frustración.
Los niños son relativamente pequeños y desvalidos en el mundo de los adultos. Para un niño controlar sus propios comportamientos y verse libre del dominio adulto es la preocupación principal. Desde esta perspectiva el poder se ve como característica positiva y la debilidad como característica negativa. Unos sentimientos moderados de inferioridad motiva al individuo para que busque las realizaciones constructivas. Sin embargo, un sentimiento de inferioridad profundo impide el crecimiento y el desarrollo: El niño se da cuenta a temprana edad de que hay otros seres humanos capaces de satisfacer sus necesidades de manera más completa y de que están mejor preparados para vivir. El niño entonces aprende a sobrevalorar la talla y la estatura, características que permiten abrir puertas o mover
objetos pesados, así como el derecho de otros para mandar o exigir obediencia. Entonces surge en su alma el deseo de crecer, de ser tan fuerte o incluso más fuerte que los demás.
Las tendencias agresivas de los seres humanos han sido cruciales para la
sobre vivencia del individuo y de la especie. La agresión puede manifestarse en el individuo como la voluntad de poder. Algunos quieren alcanzar el sentido de superioridad personal dominando a los demás, en lugar de ser útiles.
La meta de la superioridad tiene sus raíces en un proceso evolutivo de adaptación continua al ambiente. Para no extinguirse, todas las especies deben evolucionar a una forma de adaptación más eficaz. Por ello, los individuos buscan una relación más armoniosa con su ambiente. Si esta lucha no fuera innata en el organismo, ninguna forma de vida se preservaría. La meta de dominar al ambiente volviéndose superior, que puede llamarse la lucha por la perfección, también caracteriza al desarrollo del hombre.   Queremos sentirnos exitosos y valiosos.
Las características de la vida tienen un pasado y un futuro, se puede decir que el futuro está ligado a nuestros esfuerzos y a nuestros fines, mientras que el pasado representa la situación de inferioridad o de deficiencia que tratamos de superar. Es por eso por lo que, en el caso de un complejo de inferioridad, interesa su comienzo, su raíz, mientras que en un complejo de superioridad se debe interesar más su progresión. Aunque no se debe dejar de tomar en cuenta que los dos complejos están relacionados por naturaleza. No deberíamos sorprendernos si, en los casos en que vemos un complejo de inferioridad, encontramos también un complejo de superioridad oculto. Por otro lado si indagamos en un complejo de superioridad y estudiamos su continuidad, siempre podemos encontrar un complejo de inferioridad más o menos encubierto. "No luchamos por ser superiores y por triunfar si no sentimos una cierta deficiencia en nuestro estado actual” (Adler)[10].
La lucha por la superioridad no cesa jamás, es esencial para la mente, para la psique del individuo. Como se entiende la vida es la consecución de un fin o de una forma ideal y es la lucha por la superioridad lo que pone en movimiento; incluyendo las personas que se sienten perezosas por llamarlo así siempre intentan de alguna u otra forma progresar y luchar dentro de sus condiciones.
El objetivo de la superioridad se puede perseguir tanto por la actividad útil como por la inútil. Si las personas son benévolas, por ejemplo, puede significar una de las dos cosas: que están bien adaptadas a la sociedad y desean ayudar, o simplemente que quieren presumir. Frente a lo escrito con anterioridad Colin Brett realiza ejemplos extraordinarios para entender cómo funciona el complejo de inferioridad y el de superioridad: Los niños que roban padecen de un sentimiento de superioridad, creen que engañan
a los demás, que los demás no saben que roban y que se han hecho ricos con poco esfuerzo, sentimiento muy parecido entre los delincuentes que roban y piensan que son héroes. La delincuencia es por tanto la expresión de un complejo de superioridad, no de una maldad original o esencial.
Es así como se puede concluir que un complejo de superioridad es un desarrollo secundario, es una compensación del complejo de inferioridad. Siempre se debe tratar de encontrar la conexión orgánica, la que puede parecer que es una contradicción pero que está totalmente de acuerdo con la naturaleza humana.
No se debería concluir el tema de complejo de inferioridad y superioridad sin tomar en cuenta la interrelación entre estos complejos y los impulsos normales, porque todo el mundo, como se ha dicho, tiene un sentimiento de inferioridad. Pero el sentimiento de inferioridad no es una enfermedad, es un estímulo hacia el desarrollo normal y sano. Se convierte en un estado patológico sólo cuando el sentimiento de insuficiencia abruma al individuo y, en lugar de estimularle hacia una actividad útil, le hace deprimirse y le incapacita para el crecimiento. Una de las salidas para escapar a las dificultades que tienen las personas que se sienten inferiores es el complejo de superioridad. Se convencen a sí mismas de que son superiores, cuando no los son, y este falso triunfo les compensa de una situación de inferioridad que no pueden soportar. Las personas normales no tienen complejo de superioridad; ni si quiera tienen un sentimiento de superioridad; tienen ambición por el éxito pero, en tanto en cuanto esta lucha se expresa de forma constructiva, no conduce a falsos valores, que están en la raíz de la enfermedad mental. Obviamente la gente tiene muchos, muchos deseos todos los días que los condiciona a trabajar hacia sus metas. Desean casarse, comprar una casa, tener una carrera. Sin embargo en cada persona generalmente existe una meta sobresaliente, consciente o no, que juega un papel dominante en su vida. Podría ser algo así como ser una persona sensata y simpática, tener más dinero que las amistades, ser más atractivo que nadie más, impresionar a todos, ser un buen conversador. Algunas veces la meta guiadora frecuentemente es una ambición secreta, que se alimenta y protege de ser descubierta por otros. Esta meta a menudo es inconsciente, aún cuando se expresa en el comportamiento de la persona y sea obvia para el observador astuto. Adler mantenía que el individuo neurótico generalmente guarda una ambición secreta de ser singular y extraordinario. Puede actuar como si su ambición secreta se estuviera realizando. El punto es que las metas concretas de la vida vienen de un sentimiento de inferioridad. Esta meta está influida por nuestras experiencias personales, valores, actitudes y personalidad. La meta en la vida no es un objetivo elegido, claro y conciso. Su formulación empieza en la niñez, como forma de compensación de los sentimientos de inferioridad, inseguridad y desamparo frente al mundo adulto. Generalmente, sirven como defensa contra los sentimientos de impotencia, como un puente que va del presente insatisfactorio a un futuro brillante, poderoso y pleno. Como adultos, tal vez tengamos razones definidas y lógicas para nuestras elecciones profesionales; sin embargo, las metas en la vida que nos guían y motivan se formaron en la niñez y permanecen ocultas a la conciencia. Por ejemplo, muchos médicos eligen sus carreras en la niñez para hacer frente a su inseguridad respecto a la muerte.
Las metas en la vida siempre se alejan de ser realistas y a veces exageran a grados neuróticos si los sentimientos de inferioridad son demasiado intensos. Para el neurótico hay una gran brecha entre las intenciones conscientes y las metas  existenciales autodestructivas e inconscientes.La meta de superioridad es personal y única, depende del significado que uno le de a la vida, un significado que no se expresa con palabras, sino que se manifiesta con el estilo de vida y se elabora en el transcurso de la existencia.
“El anhelo de superioridad y éxito es subjetivo, por estar basado en el
autopercatamiento del hombre, en su capacidad de recordar experiencias pasadas y de proyectarse hacia el futuro. El fin de la vida del individuo está determinado por su poder inventivo y creativo; es una expresión de su carácter de único”[11]. Cada individuo desarrolla su concepto de sí mismo, de las personas y las cosas que lo rodean, en su propio estilo único y personal. Y su percepción de las realidades objetivas influye sobre la formación de sus futuras metas subjetivas. La clase específica de superioridad que el individuo quiere lograr y los métodos que adopta para su consecución derivan de las circunstancias particulares de su propia vida, en particular de sus dotes biológicas y de su entorno primitivo. A partir de esos factores biológicos y ambientales, el adulto ha creado la ficción de un ideal de sí mismo. Sólo tiene una oscura conciencia de aquello que aspira, en su anhelo por conservar su identidad y mantener su autoestimación.
El concepto de inferioridad incluye la inseguridad y la ansiedad. El anhelo de superioridad implica la búsqueda del adulto en procura de un sentido, de un significado de la vida; es la aspiración a la perfección y la plenitud.
El anhelo de superioridad como objetivo de la vida es específico y deferente para cada individuo. Su interpretación subjetiva del pasado y del presente determina sus ideas del futuro.
En los primeros 4 o 5 años de vida establecemos la unicidad de
nuestra mente y la vinculamos con el cuerpo. Partimos del material hereditario y las impresiones que recibimos del ambiente y las adaptamos para lograr la superioridad, sin embargo, al final del quinto año nuestra personalidad se ha cristalizado. El significado que damos a la vida, la meta que perseguimos, nuestro estilo de relacionarnos y nuestra disposición emocional quedaron fijados. Pueden cambiar después, pero solo si nos liberamos de la cristalización errónea de la niñez. Así como todas nuestras expresiones eran coherentes con esta interpretación de la vida, ahora,
si enmendamos el error, las nuevas expresiones serán coherentes con la nueva interpretación.
Las costumbres y pautas de conducta que parecen aisladas adquieren significado como elementos del estilo de vida y las metas y, por ello, los problemas psicológicos y emocionales deben tratarse dentro de ese contexto. Deben tomarse en cuenta el estilo de vida total para el tratamiento, ya que un síntoma o un rasgo no es más que una expresión de un estilo de vida unificado.
Tal vez pueda ilustrar esto por una anécdota relativa a tres niños que fueron llevados al zoológico por primera vez. Al pararse ante la jaula del león, uno de ellos se refugió tras las faldas de la madre y dijo: “Quiero ir a casa”. El segundo niño se quedó quieto, muy pálido, y temblando dijo, “No tengo ni tantito miedo”. El tercero miró con fiereza al león y le preguntó a su madre “¿Puedo lanzarle un escupitajo?” Los 3 niños se sentían en verdad inferiores pero cada uno expresó sus sentimientos a su manera, de acuerdo con su estilo de vida. Mediante el poder creativo del yo, la persona forma su estilo de vida.
La herencia proporciona ciertas habilidades y tendencias y el ambiente enfrenta al individuo con una variedad de experiencias, pero el poder creativo del yo selectivamente desarrolla un estilo único de vida. Las experiencias tempranas, con inferioridades fuertemente percibidas, determinan en gran forma la naturaleza del
estilo de vida.
Estilos de vida y la lucha por la superioridad: con frecuencia, algunos individuos reaccionan a su inferioridad mediante el desarrollo de un estilo de vidas defectuoso, en tanto otros se distinguen por logros superiores. Adler encontró que en las vidas de muchos de los grandes hombres y mujeres, existió una inferioridad física o psicológica que era especialmente difícil de soportar. Las inferioridades psicológicas son determinantes poderosos, tal como lo son las más obvias inferioridades físicas en cuanto al comportamiento. Una criatura dotada en forma adecuada tanto física como mentalmente puede adquirir un terrible sentido de inferioridad como resultado de la comparación adversa con un hermano mayor que sea el favorito de los padres. Una criatura así desarrolla la meta secreta de derrotar y humillar algún día al hermano y de esa manera conseguir la estimación de los padres, y esta actitud puede generalizarse a toda la gente, esta criatura necesita tener la más alta estimación de todos. Aquellos que cuidan de ese niño pueden tener gran influencia de si el estilo de vida se hace constructivo o destructivo. Respondemos de manera activa y creativa a las influencias que nos afecta en la vida. No somos objetos inertes que aceptamos pasivamente todas las fuerzas exteriores, sino que buscamos ciertas experiencias y rechazamos otras.
Codificamos e interpretamos selectivamente experiencias; elaboramos e
individualizamos el esquema de apercepción y establecemos una pauta distinta para relacionarnos con el mundo.
Los complejos de superioridad están basados en una inteligencia funcional superior con  una actitud estructural diferente. Mientras los complejos de inferioridad llevan a la inacción para negar la realidad que afecta su auto-estima, los complejos de superioridad llevan a acciones agresivas que destruyen los objetos amenazantes.
Los complejos de superioridad están implícitos en las decisiones tomadas por la anti-intuición en un contexto amenazante. Utiliza la anti-inteligencia para destruir el objeto que amenaza la percepción de superioridad. Individuos extremadamente talentosos desarrollan este complejo cuando viven en un medio mediocre. Los medios son mediocres cuando en ellos no se respeta y admira a quienes tienen la capacidad de agregar un valor mayor.
No cabe la menor duda de que toda persona se conduce en la vida como si poseyera una opinión determinada sobre sus propias energías y facultades, como si, al emprender una acción cualquiera, tuviese una idea clara de las facilidades o dificultades que dicha acción podrá ofrecerle. En una palabra que su conducta nace de su opinión. Esto no debe sorprendernos, puesto que a través de nuestros sentidos no logramos captar los hechos del mundo circundante, sino una representación muy subjetiva, un lejano reflejo. Omnia ad opinionem suspensa sunt. Esta frase de Séneca debiera tenerse presente en toda investigación psicológica. Nuestra opinión sobre los hechos importantes y trascendentales de la existencia depende de nuestro estilo de vida.
Cabe destacar que este concepto de Adler tiene vinculación con el concepto de Frankl de la Autotrascendencia (1984). Característica compleja de nuestra personalidad que nos hace sentir como una parte integral del universo y que sirve para medir el comportamiento espiritual de cada individuo. Agrupa características de espiritualidad, misticismo, pensamiento mágico y religioso. Se relaciona también con la creatividad, la imaginación y la capacidad del sujeto para aceptar la ambigüedad y la incertidumbre. A su vez, la dimesión Autotrascendencia (ST), la más asociada a los conceptos de espiritualidad, se compone de tres áreas o escalas:
ST1. Autoabandono: con abstracción y fascinación desde los sentimientos e intuición acerca del papel en la vida; imaginación y sensibilidad a la belleza y el arte. Pérdida de límites y fronteras en el espacio y el tiempo.
ST2. Identificación transpersonal: unión y conexión espiritual y emocional con los otros, la naturaleza y el mundo. Poder identificarse con un Todo en armonía y luchar por un "mundo mejor".                                                                                                              ST3. Aceptación espiritual: aprehensión de relaciones intuitivas de "sexto sentido" y mágicas; experiencias religiosas y comprensión del sentido real de la vida, el origen, la humanidad, la inmortalidad. Autocognición trascendente.
Quizá no todos recuerdan haber experimentado este sentimiento de inferioridad. La sensación de insuficiencia constituye un sufrimiento duro y tenaz que perdura, por lo menos, hasta que un deber no es resuelto, hasta que una necesidad no es satisfecha o no es neutralizada una tensión.  Es, sin duda, un sentimiento natural comparable a una tensión dolorosa, que reclama alivio. Este alivio no ha de ir forzosamente acompañado de placer, como supone Freud, aunque puede ir acompañado de sentimientos de satisfacción, lo cual estaría de acuerdo con la concepción de Nietzsche. En determinadas condiciones, el relajamiento de esta tensión puede ir acompañado también de sufrimiento permanente o temporal, algo así como cuando se va un fiel amigo o como cuando es necesario someterse a una operación dolorosa. Tampoco a un fin penoso.
De la misma manera que un lactante traiciona con sus movimientos el sentido de insuficiencia, su constante aspiración a perfeccionarse y a satisfacer sus exigencias vitales, así también el movimiento histórico de la Humanidad debe ser interpretado como la historia del sentimiento de inferioridad y de los intentos realizados para liberarse de él. Desde que se puso en movimiento, la materia viva siempre se ha esforzado por pasar de una situación de minus a una situación de plus.
Dicho movimiento en modo alguno puede considerarse como encaminado hacia la muerte, ni siquiera hacia un estado de equilibrio o de reposo; antes bien, aspira a la dominación del mundo circundante. La tesis de Freud de que la muerte ejerce una cierta atracción sobre el hombre, hasta el punto de llegar a desearla en sueños y demás, representa, aun dentro de su propio sistema, una conclusión precipitada. No cabe, en cambio, duda de que existen hombres que prefieren la muerte a una lucha con las circunstancias
ambientales, porque, en su orgullo, tienen un miedo exagerado a un posible fracaso. Son personas que aspiran siempre a ser mimadas y dispensadas de sus obligaciones, a base de que otros las cumplan.       
Como fácilmente puede demostrarse, el cuerpo humano se halla estructurado según el principio de seguridad. Meltzer llamó ya la atención
sobre este principio en The Harvard Lectures, en 1906 y 1907, en la que se expresa que un órgano dañado es substituido en su función por un órgano sano o emite por sí mismo una energía complementaria. Todos los órganos pueden rendir más de lo que rinden normalmente, y atender muchas veces a múltiples y vitales funciones. La vida, que está regida por el principio de auto conservación, ha adquirido, en el curso de la evolución biológica, la energía y la capacidad para ello imprescindibles.                                                                             
Las divergencias de los hijos y de las generaciones jóvenes, con respecto a los padres y a las generaciones viejas, no son más que un aspecto de este mecanismo de seguridad vital.
También la creciente civilización que nos rodea acusa idéntica tendencia a la seguridad y nos muestra al hombre en un continuo estado afectivo de sentimiento de inferioridad que estimula incesantemente su actividad para alcanzar una mayor seguridad. La satisfacción y el dolor que acompañan a esta lucha no son sino ayudas y premios que se le ofrecen al caminar por esta vereda.
Pero una adaptación definitiva a la realidad del momento, ya creada, no sería otra cosa que la explotación de los esfuerzos de otros en armonía con la imagen que del mundo tienen los niños mimados.              
La continua aspiración a la seguridad impulsa al individuo hacia la superación de la realidad actual en favor de otra realidad mejor. Sin esta corriente de la civilización, que nos arrastra hacia delante, la vida humana sería imposible.
El hombre habría sucumbido ante el embate de las fuerzas de la Naturaleza si no hubiera aprendido a utilizarlas en provecho propio. El hombre carece de cosas que, poseídas por seres más fuertes, hubiesen podido ser causa de su aniquilamiento. Los rigores del clima le obligan a defenderse contra el frío mediante las pieles que quita a animales mejor dotados. Su organismo requiere una habitación artificial y una preparación igualmente artificial de sus alimentos. Su vida no está asegurada más que bajo ciertas condiciones, como son una conveniente división del trabajo y una suficiente multiplicación de los individuos. Sus órganos y su espíritu trabajan de continuo para superarse, para afianzarse. A esto hay que añadir su mayor conocimiento de los peligros de la vida y una menor ignorancia de la muerte.
La sensación de inferioridad es una verdadera bendición, que sin cesar le empuja hacia una situación de plus hacia la seguridad, hacia la superación, y esta formidable e inevitable rebelión contra este sentimiento de inferioridad consubstancial al hombre se repite como base de la evolución en la infancia de cada individuo.[12]
Todo niño que no esté tan anormal, como el idiota, gravemente tarado en su
vida psíquica, se halla bajo el imperativo de este desarrollo ascensional que anima tanto a su cuerpo como a su alma. También a él le es impuesta por la Naturaleza la tendencia a la superación. Su pequeñez, su debilidad y incapacidad para satisfacer sus propias necesidades, las más o menos importantes negligencias son aguijones determinantes para el desarrollo de su fuerza. Bajo la presión de su existencia precaria, el niño crea para sí mismo nuevas formas de vida, tal vez hasta entonces inéditas. Sus juegos, siempre orientados hacia el porvenir, demuestran su energía autocreadora, que en modo alguno podrían explicarse mediante los llamados reflejos condicionados. El niño construye sin cesar en el vacío del porvenir, impelido por la necesidad imperativa de vencer. Hechizado por las necesidades e imperativos de la vida, sus anhelos siempre crecientes le arrastran inexorablemente hacia un objetivo final, superior al destino terrestre que le era asignado. Y este objetivo que lo atrae, le conduce a las alturas, se anima y llega a adquirir colores dentro del reducido ambiente en que el niño lucha por triunfar.
Su herencia, física o psíquica, se expresa en posibilidades, y no cuenta sino en la medida en que puede ser y es utilizada con vistas al objetivo final. Lo que luego observamos en la evolución del individuo ha sido originado por el material hereditario, y su perfección es debida a la potencia creadora del niño. Puse ya anteriormente de relieve la brecha que abre el material hereditario. Sin embargo, debo negar que ofrezca significación causal alguna, porque la variación constante y multiforme del mundo exterior exige un empleo creador y elástico de ese material. La orientación hacia el triunfo final permanece invariable, aunque el objetivo, una vez plasmado en la corriente del mundo, imponga a cada individuo una dirección diferente.
Las insuficiencias orgánicas, el mimo o el abandono inducen con
frecuencia al niño a establecer fines concretos de superación que se hallan en contradicción tanto con el bienestar del individuo como con el perfeccionamiento de la Humanidad.
Existe, empero, un considerable número de casos y de desenlaces que nos autorizan a hablar, no de causalidad, sino de una probabilidad estadística y de una desviación engendrada por un error. Además, se ha de tener en cuenta que cada mala acción es distinta a las demás, que cada defensor de una determinada concepción del mundo la presenta desde una distinta perspectiva, que cada escritor pornográfico ofrece sus peculiaridades, que todo neurótico se distingue de los demás y que tampoco hay dos delincuentes completamente iguales. Precisamente es en esta peculiaridad que distingue a cada individuo que se pone de relieve la creación propia del niño y la manera como utiliza y aprovecha sus posibilidades y aptitudescongénitas.
Lo mismo debe decirse de los factores ambientales y de las medidas educativas. El niño los acoge y utiliza para la concreción de su estilo
de vida; se crea un objetivo que nunca abandona, percibiendo, pensando,
sintiendo y actuando con las miras puestas siempre en él. Una vez
reconocido el dinamismo del individuo, ningún poder del mundo puede impedir la suposición de que existe un objetivo hacia el cual este movimiento está orientado. No existe ningún movimiento sin objetivo, y este objetivo no puede ser alcanzado nunca. La causa de esto reside en la conciencia primitiva del hombre, de que nunca podrá ser el amo del mundo, de modo que si esta idea asoma se ve obligado a transferirla a la esfera del milagro o de la omnipotencia divina 5.
La vida psíquica está dominada por el sentimiento de inferioridad, y esto es fácilmente comprensible si se parte de los sentimientos de insuficiencia, de imperfección, y de los esfuerzos ininterrumpidos provistos por los seres humanos y la humanidad.
Cada uno de los mil problemas del vivir cotidiano pone al individuo en guardia y en disposición de ataque. Todo movimiento constituye una marcha hacia adelante para pasar de la imperfección a la perfección.
La incorporación del niño a su primer ambiente es, por tanto, el primer acto creador que, recurriendo a sus aptitudes, realiza impulsado por su
sentimiento de inferioridad. Esta incorporación, distinta en cada caso
concreto, es movimiento, interpretado luego por nosotros como forma, como movimiento congelado, como forma de vida que parece prometer un objetivo de seguridad y de triunfo. Los límites dentro de los cuales se desarrolla esa evolución son los de la humanidad en general, que vienen dados por el estado actual de la evolución de la sociedad y del individuo.
Sin embargo, no todas las formas de vida utilizan esta situación como es debido, contradiciendo así el sentido de la evolución.        
La falta de preparación para enfrentarse a los problemas de la vida puede obedecer en todo caso a un insuficiente desarrollo del sentimiento de comunidad, sea cual sea el nombre que queramos darle: solidaridad humana, cooperación, humanismo o incluso ideal del Yo. Esta falta de preparación es la que engendra ante los problemas y su desarrollo, las múltiples formas de expresión de inseguridad y de inferioridad física y psíquica. Tales actitudes anímicas originan pronto toda clase de sentimientos de inferioridad, que, si bien no se manifiestan claramente, se expresan ya en el carácter, en el movimiento, en la actitud, en la manera de pensar sugerida por el sentimiento de inferioridad, y en el hecho de apartarse del camino del progreso. Todas estas formas de expresión del sentimiento de inferioridad acentuado por la falta de sentimiento de comunidad llegan a ponerse de relieve en el momento en que surgen los problemas de la vida, la causa exógena; lo que no puede faltar jamás en caso de un fracaso típico, aun cuando no todos lleguen a encontrarla. Este fracaso típico se debe, ante todo, al intento de aferrarse a determinadas conmociones para aliviar la tensa situación creada por un acentuado sentimiento de inferioridad y como consecuencia del incesante afán de liberarse de una situación minus.

En lo personal podemos definir el complejo de inferioridad como aquel que aparece frente a un problema ante el cual el individuo no se halla convenientemente preparado, y expresa su convicción de que es incapaz de resolverlo.

La autoestima guarda una estrecha relación con el complejo de superioridad-inferioridad. Definida por Chris Mruk como la evaluación que efectúa y mantiene comúnmente un individuo con referencia a sí mismo, que expresa una actitud de aprobación o desaprobación.
Está relacionada con la salud mental y el bienestar psicológico.
Es la clave de la conducta normal, anormal y óptima.
Implica el diagnóstico del propio merecimiento y el valor que el individuo se adjudica como ser humano. Es la suma de la autoconfianza y el auto-respeto.
Como se percibe de modo de necesidad ocupa en nuestra vida un rol central como fuerza motivacional.











El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos afecta virtualmente en forma decisiva todos los aspectos de nuestra experiencia, desde la manera en que funcionamos en el trabajo, el amor , hasta nuestro proceder como padres y las posibilidades que tenemos de progresar en la vida. Nuestras respuestas ante los acontecimientos dependen de quién y qué pensamos que somos. Los dramas de nuestra vida son los reflejos de la visión íntima que poseemos de nosotros mismos. Por lo tanto, la autoestima es la clave del éxito o del fracaso.

También es la clave para comprendernos y comprender a los demás.
Aparte de los problemas de origen biológico, no conozco una sola dificultad psicológica desde la angustia y la depresión, el miedo a la intimidad o al
éxito, el abuso del alcohol o de las drogas, el bajo rendimiento en el estudio o en el trabajo, hasta los malos tratos a las mujeres o la violación de menores, las disfunciones sexuales o la inmadurez emocional, pasando por el suicidio o los crímenes violentos que no sea atribuible a una autoestima deficiente. De todos los juicios a que nos sometemos, ninguno es tan importante como el nuestro propio. La autoestima positiva es el requisito fundamental para una vida plena. Veamos qué es la autoestima tiene dos componentes: un sentimiento de capacidad personal y un sentimiento de valía personal. En otras palabras, la autoestima es la suma de la confianza y el respeto por uno mismo. Refleja el juicio implícito que cada uno hace de su habilidad para enfrentar los desafíos de la vida y de su derecho a ser feliz.
                             
Tener una alta autoestima es sentirse confiadamente apto para la vida, es decir, capaz y valioso, en el sentido que acabo de indicar. Tener una autoestima baja es sentirse inútil para la vida; errado, no con respecto a tal o cual asunto, sino equivocado como persona. Tener un término medio de autoestima es fluctuar entre sentirse apto e Inútil, acertado y equivocado como persona, y manifestar estas incoherencias en la conducta, reforzando, así, la inseguridad.                                                                             
La capacidad de desarrollar una confianza y un respeto saludables por nosotros mismos es inherente a nuestra naturaleza, ya que la capacidad de pensar es la fuente básica de nuestra idoneidad, y el hecho de que estemos vivos es la fuente básica de nuestro derecho a esforzarnos por conseguir felicidad. Idealmente, todo el mundo debería disfrutar de un alto nivel de autoestima, experimentando tanto una fe Intelectual en sí mismo como una fuerte sensación de que merecemos ser felices. Por desgracia, sin embargo, hay mucha gente a la que esto no le ocurre. Numerosas personas padecen sentimientos de Inutilidad, Inseguridad, dudas sobre si mismas, culpa y miedo a participar plenamente en la vida, una vaga sensación de que "lo que soy no es suficiente". No siempre estos sentimientos se reconocen y admiten con facilidad, pero ahí están.                                                                                            En el proceso del desarrollo, y en el proceso de la vida en sí, nos resulta sumamente fácil
apartarnos de un concepto positivo de nosotros mismos, o no llegar a formar-lo nunca. Tal vez no podamos jamás estar satisfechos con nosotros mismos a causa de la aportación negativa de los demás, o porque hemos faltado a nuestra propia honestidad, integridad, responsabilidad y autoafirmación, o porque hemos juzgado nuestras acciones con una comprensión y una compasión Inadecuadas.






Sin embargo, la autoestima es siempre una cuestión de grado. Nunca hemos conocido a nadie que careciera por completo de autoestima positiva, ni tampoco he conocido a nadie que no fuera capaz de desarrollar su autoestima. Desarrollar la autoestima es desarrollar la convicción de que uno es competente para vivir y merece la felicidad, y por lo tanto enfrentar a la vida con mayor confianza, benevolencia y optimismo, lo cual nos ayuda a alcanzar nuestras metas y experimentar la plenitud. Desarrollar la autoestima es ampliar nuestra capacidad de ser felices. Si comprendemos esto, podemos apreciar que el hecho de cultivar la autoestima nos interesa a todos. No es necesario llegar a, Odiarnos para poder aprender a querernos más; no tenemos que sentirnos Inferiores para desear tenernos más confianza. No hemos de sentirnos infelices para desear ampliar nuestra capacidad de alegría. Cuanto más alta sea nuestra autoestima, mejor preparados estaremos para afrontar las adversidades; cuanto más flexibles seamos, más resistiremos las presiones que nos hacen sucumbir a la desesperación o a la derrota.
 Cuanto más alta sea nuestra autoestima, más posibilidades tendremos de ser creativos en nuestro trabajo, lo que significa que también tendremos más posibilidades de lograr el éxito.
Cuanto más alta sea nuestra autoestima, más viciosos tenderemos a ser, no necesariamente en nuestra carrera o profesión o en un sentido económico, sino en términos de lo que esperamos experimentar en la vida en el plano emocional, creativo y espiritual.
Cuanto más alta sea nuestra autoestima, más posibilidades tendremos de entablar relaciones enriquecedoras y no destructivas, ya que lo semejante se atrae entre sí, salud llama a la salud, y la vitalidad y la generosidad de ánimo son más apetecibles que el vacío afectivo y la tendencia a aprovecharse de los demás. Cuanto más alta sea nuestra estima, más inclinados estaremos a tratar a los demás con respeto, benevolencia y buena voluntad, ya que no los percibiremos como amenaza, no nos sentiremos extraños y asustados en un mundo que nunca hicimos, y porque el respeto por uno mismo es la base del respeto por los demás.
                                                                                                   

Cuanto más alta sea nuestra estima, más alegría experimentaremos por el solo hecho de ser, de despertarnos por la mañana, de vivir dentro de nuestros cuerpos. Estas son las recompensas de la confianza y el respeto por nosotros mismos.
Cuando somos niños, los adultos pueden alimentar o minar la confianza y el respeto por nosotros mismos, según que nos respeten, nos amen, nos valoren
nadie puede respirar por nosotros, nadie puede pensar por nosotros, nadie puede imponernos la fe y el amor por nosotros mismos.
Puedo ser amado por mi familia, mi pareja y mis amigos, pero no amarme a mí mismo. Puedo ser admirado por mis socios y considerar no obstante que carezco de valores. Puedo proyectar una imagen de seguridad y aplomo que engañe a todo el mundo, y temblar secretamente porque me siento inútil.
Puedo satisfacer las expectativas de los demás y no las mías; puedo obtener altos honores y sin embargo sentir que no he logrado nada; puedo ser adorado por millones de personas pero despertar cada mañana con una deprimente sensación de fraude y de vacío.
Alcanzar el "éxito" sin alcanzar una autoestima positiva es estar condenado a sentirse como un impostor que espera con angustia que lo descubran.
Así como el aplauso de los otros no genera nuestra autoestima, tampoco lo hacen el conocimiento, ni la destreza, ni las posesiones materiales, ni el matrimonio, ni la paternidad o maternidad, ni las obras de beneficencia, ni las conquistas sexuales, ni las cirugías estéticas. A veces estas cosas pueden hacernos sentir mejor con respecto a nosotros mismos por un tiempo, o más cómodos en determinadas situaciones; pero comodidad no es autoestima.
Lo trágico es que la mayoría de las personas buscan la autoconfianza y el autorespeto en todas partes menos dentro de sí mismas, y por ello fracasan en su búsqueda. Veremos que la autoestima positiva se comprende mejor como una suerte de logro espiritual, es decir, como una victoria en la evolución de la conciencia. Cuando comenzamos a concebirla de este modo, como un estado de conciencia, descubrimos la necedad de creer que sólo con lograr que los demás se formen una impresión positiva de nosotros disfrutaremos de una consideración positiva por parte de nosotros mismos.
Si la autoestima es el juicio de que soy apto para la vida, la experiencia de mi propia capacidad y valía, si la autoestima es una conciencia autoafirmadora, una mente que confía en sí misma, nadie puede generar esta experiencia, salvo uno mismo. Cuando apreciamos la verdadera naturaleza de la autoestima, vemos que no es competitiva ni comparativa.


La verdadera autoestima no se expresa por la auto glorificación a expensas de los demás, o por el afán de ser superior a los otros o de rebajarlos para elevarse uno mismo. La arrogancia, la jactancia y la sobrevaloración de nuestras capacidades reflejan más bien una autoestima equivocada y no, como imaginan algunos, un exceso de autoestima.
El estado de una persona que no está en guerra ni consigo mismo ni con los demás, es una de las características más significativas de una autoestima sana.
El concepto que cada uno de nosotros tiene de sí mismo consiste en quién y qué pensamos que somos consciente y subconscientemente, nuestros rasgos físicos y psicológicos, nuestras cualidades y nuestros defectos y, por encima de todo, nuestra autoestima. La autoestima es el componente evaluativo del concepto de sí mismo. Este concepto modela nuestro destino.
Jorge Bucay en su libro “De la autoestima al egoísmo” habla  de la superación y un método de cómo poder superarnos, pues todos tenemos un Yo Ideal y un Yo Real. Podemos comparar nuestro Yo ideal (lo que nos gustaría ser o los demás les gustaría de nosotros) con nuestro Yo real (el Yo verdadero) y ver que el Yo ideal tiene más cualidades, metas, éxitos y demás que el Yo real. La finalidad es que podamos decidir cambiar y tratar de asemejar lo más que podamos al Yo ideal y así mejorar como individuo.
Además Bucay habla del egoísmo como algo beneficioso, que proviene de la autoestima. “…significa un amor por el yo que hace que determinada persona se prefiera por encima de las demás.”[13]
Si lo vemos con ese significado, de verdad es algo favorable para nosotros, ya que, así debería de ser; deberíamos ser los dueños de nuestro mundo y ser los protagonistas de nuestra vida.  Como crítica para Bucay, con esta propuesta es muy probable que nuestra omnipotencia se engrandezca porque nos veríamos como algo supremo y ese papel lo debería de tener el único omnipotente que sería Dios y en realidad él es el que dirige nuestra vida.
Sin embargo, es mucho más fácil hablar de algo más concreto y por eso la invitación de ser nosotros mismos los amos de nuestra vida y nuestro mundo.

Por otro lado y retomando a las teorías de complejos, en el libro “Ser inferior” de Pathwork se expresa el complejo de inferioridad- superioridad a partir del ideal de que la persona se compone de un ser superior e inferior, cuando este ser inferior se hace consciente y la persona es capaz de percibir los sentimientos de inferioridad, la persona desarrolla una máscara para ocultar estos sentimientos y creerse superior.
Cada ser humano tiene una chispa divina o ser superior, el cual es el más fino y radiante de los cuerpos sutiles, con la frecuencia de vibración más alta, ya que entre más alto sea el desarrollo espiritual más rápida es la vibración. Desde la caída de los ángeles, el ser superior se ha rodeado poco a poco con varias capas de materia densa, no tan densa como el cuerpo físico, pero infinitamente más densas que el ser superior. Fue así como se formó el ser inferior. Desde la perspectiva humana, estas capas no pueden verse con los ojos ya que son también de materia fina.
La meta del desarrollo espiritual es eliminar el ser inferior para que el ser superior se libere nuevamente de todas las capas externas que ha adquirido. En su propia vida, podrán sentir fácilmente ya sea con ustedes mismos o con otros, que ciertas partes del ser superior están libres, mientras que otras están todavía ocultas. Qué tanto está libre y qué tanto está oculto y qué tan densamente cubierto se encuentra lo oculto, depende del desarrollo general de la persona en cuestión. El ser inferior está constituido no solo de las faltas comunes y las debilidades individuales, que varían con cada persona, sino también de la ignorancia y la flojera; este ser no quiere cambiar ni conquistarse a sí mismo, tiene una gran fuerza de voluntad que no siempre se manifiesta externamente, y quiere que las cosas se hagan a su manera sin pagar ningún precio. Es orgulloso y egoísta y ostenta siempre mucha vanidad. Es el ego con todas sus manifestaciones.
Todas estas características son generalmente parte del ser inferior, además de cualquier otra falta individual. Hay muchas variantes y posibilidades en las que el ser inferior puede manifestar estas tendencias. Estas manifestaciones dependen de diferentes factores, como por ejemplo, la forma específica en que las faltas de la persona afectan las tendencias comunes del ser inferior. Las cualidades del ser superior, así como otras circunstancias, también afectan las manifestaciones externas, la intensidad, el grado y la dirección que estas tendencias generales pueden tomar.
Nosotros podemos ver tanto al ser superior como al ser inferior, sin embargo, no todos los espíritus pueden ver todos los cuerpos sutiles de una persona, solo aquellos que han alcanzado un cierto nivel de desarrollo; el solo hecho de que un espíritu haya dejado su cuerpo físico no significa que pueda ver más de lo que ve cualquiera de ustedes. Un espíritu que ha alcanzado un cierto grado de desarrollo, no solo podrá interpretar al ser inferior, sino que también podrá ver a través de él para descubrir al ser superior en todo su esplendor, ya que la materia física o densa no representa un obstáculo para nuestros ojos espirituales y nuestra percepción. De esta forma, podemos determinar cuales son las formas de pensamiento que vienen del ser superior y cuales provienen del ser inferior.
También vemos tendencias, deseos o esfuerzos del ser superior que se dan mezclados con tendencias del ser inferior, el matiz original ha variado, tiene otro color o ya no está limpio.

Cuando los mensajes del ser superior han sido manchados con motivaciones del ser inferior, se crea un desorden en el alma, el cual hace que su ser enferme emocionalmente. Todas estas tendencias tienen distintos colores, y en muchos casos, también tonos y olores diferentes. Por ejemplo, una persona puede querer algo de manera egoísta, pero no quiere admitir ante sí misma que eso es egoísta, entonces empieza a racionalizar acerca de ese deseo y a ignorar la parte egoísta. Nosotros podemos ver todo esto claramente; de hecho, esta forma de auto-engaño es muy común entre los seres humanos. Las formas que utiliza el ser superior tienen un carácter
muy diferente a las que usa el ser inferior.
Existe además otra capa, cuyo significado no es todavía muy reconocido entre los seres humanos en toda su amplitud; a esta capa le llamaré la máscara. Esta máscara se crea cuando reconocen que tendrán conflictos con
los que les rodean al ceder a los deseos de su ser inferior, y sin embargo, no pueden todavía pagar el precio para eliminar a este ser inferior. Pagar este precio significa antes que nada enfrentar al ser inferior tal cual es, con
todas sus motivaciones y deseos, ya que solo se puede conquistar aquello de lo que se está completamente consciente. Esto significa tomar el camino estrecho, el camino espiritual; muchas personas no quieren pensar profundamente sobre esto, prefieren reaccionar emocionalmente, sin pensar siquiera en enfrentar al ser inferior.
El subconsciente siente entonces que es necesario pres entar una imagen distinta del ser para evitar ciertas dificultades, incomodidades o desventajas de cualquier tipo. Entonces la gente crea otra capa de su ser que no tiene nada que ver con la realidad, ni con la del ser superior, ni con la realidad temporal del ser inferior; es algo que podrían llamar una farsa, un engaño, algo irreal.
No es difícil para cualquier persona, aún si no es muy inteligente, darse cuenta que al ceder a este deseo, será excluida de su círculo social, o no aceptada por otros; algo que nadie desea para sí mismo. En vez de vencer al egoísmo siguiendo el proceso lento del auto-desarrollo, esta persona actúa continuamente como si ya no fuera egoísta. La realidad es que es egoísta y puede sentir su egoísmo; odia la presión que la obliga a actuar en contra de los deseos de su ser inferior y siente que debe montar un acto externo. Esto último no la deja sentirse en paz internamente, ya que no va de acuerdo con lo que ella es, al menos en este aspecto predominante de su naturaleza. Al ceder y mostrarse generosa solo está fingiendo, no es congruente con sus verdaderos sentimientos, lo cual la mantiene en una guerra interna.
El acto en sí es compulsivo, en vez de ser una elección libre; esta bondad sobrepuesta no está pagando el precio real. La persona puede estar dando algo, pero le molesta mucho. El hecho es que la persona no solo es egoísta internamente por convicción propia sino que además niega su propia naturaleza y vive en la mentira.
De ninguna manera sugiero que sea aconsejable ceder a los deseos de la naturaleza inferior; uno debe luchar por su propia realización, para alcanzar la claridad y purificar los deseos y sentimientos; pero si esto no se logra,
por lo menos no debe haber auto-engaño, la persona debe tener una imagen clara y verdadera de la discrepancia entre sus actos y sus sentimientos ya que de esta manera no es necesario formar la máscara.
Sin embargo, a menudo la persona trata de creer en su propia generosidad, y así, al no mostrar sus sentimientos y motivaciones reales, al no quererlas ver, se engaña a sí mismo. Después de un tiempo esta semilla maligna se hunde en el inconsciente y fermenta creando formas que producen efectos y que no pueden ser erradicadas porque la persona no es consciente de ellas. El ejemplo de la persona egoísta es solo un caso, hay muchas otras tendencias, amigos míos, que siguen el mismo proceso.
Cuando una persona está enferma emocionalmente, esto habla de que ha creado una máscara y no se da cuenta que está viviendo una mentira; se ha envuelto con una capa de irrealidad que no tiene nada que ver con su ser real y no está siendo veraz con su personalidad real. Como ya he dicho antes, ser veraz con uno mismo no significa ceder a los deseos del ser inferior, sino darse cuenta de ellos. No se engañen si todavía actúan de acuerdo con la necesidad de protegerse y no tienen una visión clara o una convicción propia; dense cuenta que sus sentimientos son todavía impuros con respecto a ciertos asuntos. Así tendrán una base sólida para empezar.
Es más fácil que se vean de esta manera si toman en cuenta que debajo de las capas de su ser inferior, vive su ser superior, su última y absoluta realidad, la cual finalmente deben alcanzar. Sin embargo, antes de que esto
pueda suceder deben enfrentarse con su ser inferior en su realidad temporal, en vez de cubrirlo ya que esto pone una distancia todavía mayor entre ustedes mismos y la realidad absoluta, es decir, su ser superior. Para enfrentar su ser inferior, deben romper con la máscara. Todo esto podrán hacerlo si tienen presentes a estas tres entidades. El engañarse a uno mismo y no pensar en las verdaderas emociones y motivaciones, dejándolas reaccionar sin pensar, puede parecer adecuado en ciertos momentos, pero no lo es.

Cuando una persona reconoce que puede entrar en conflicto con su ambiente a causa del Ser Inferior, puede no estar lista para  aceptar las consecuencias de este, pagando el precio necesario para eliminar  el Ser Inferior, esto implica  primero que el individuo acepte su Ser Inferior  por lo que realmente es, con todas sus motivaciones y sus impulsos.
 De hecho se pueden superar solo las cosas de las cuales se es perfectamente consientes.
                                
El fin del desarrollo espiritual es el de eliminar el Ser Inferior
La máscara  crea otro estrato de la personalidad que no tiene nada que hacer con la realidad, ni con la realidad del Ser Superior, ni con la realidad temporal del Ser Inferior ej. El Ser Inferior sugiere a la persona de ser cínica con respecto a un deseo egoistico. Para  evitar ser rechazado por los demás, actúa como si fuera altruista en lugar de enfrenta el egoísmo mediante un lento proceso de desarrollo. De hecho se siente egoísta y lo es .Uno detesta tener que actuar en contra del Ser Inferior. Su generosidad es solo un pretexto, ósea la acción correcta no es motivada por sentimientos reales, por lo tanto la persona está en lucha consigo misma.  Se hace  la acción justa por deber y no por libre elección. Así mientras que se quiere  dar algo, se puede contemporáneamente odiar la idea.
La persona debería tener la exacta discrepancia entre sus sentimientos y sus acciones. De esta forma no podría formarse ninguna mascara.
Cuando  una persona esta emocionalmente enferma, invariablemente se ha creado una máscara. Ya construyó un estado de irrealidad que no tiene nada que ver con  su ser reales. No son fieles a su  verdadera personalidad. Como dijimos ser leales consigo mismo no quiere decir rendirse a los bajo instintos, el Ser Inferior, sino ser consciente de ello. Sera  más sencillo enfrentar  su ser inferior si  saben que debajo de este vive  el Ser Superior, la última y verdadera realidad que hay que alcanzar. Y para alcanzarla hay que enfrentar la realidad temporal del inferioridad, mas no esconderla. Por eso hay que quitarse la máscara en cualquier  situación
Y eso se puede hacer cuando ustedes empiezan a visualizar estas tres partes de la personalidad de la que estamos hablando.
Mentirse a sí mismo y no pensar a las emociones y verdaderas motivaciones, sino simplemente dejar que las emociones actúen en automática sin pensar, puede a veces parecer suficiente pero no lo es.

El ser de la máscara es la cara que le mostramos al mundo. Es el que pensamos que deberíamos ser, o que deseamos ser, basándonos en imágenes mentales idealizadas. Al poner un ser falso tratamos de impedir queellos se acerquen demasiado como para que nos puedan herir como fuimos heridos en la infancia, es nuestra manera de controlar la vida. Debajo de la máscara se encuentra el Ser Inferior, la fuente de negatividad y destructividad dentro de nosotros, hasta que estemos listos para revelar y asumir la responsabilidad por nuestro ser inferior podremos liberarnos de mascara. El perfeccionismo es un bloqueo básico de la felicidad que limita seriamente nuestra capacidad de relajarnos y de aceptar las imperfecciones del aquí y ahora. Asumir la responsabilidad de tus errores es la manera más clara de decir: “no soy mi ser idealizado”. La máscara también se forma siguiendo el modelo del padre o la madre, según quien haya sido más lejano, puesto que eso es lo que se ha equiparado con lo más deseable, no solo tratamos de luchar en contra de la realidad del dolor físico, la inestabilidad de la muerte física, sino que tratamos de defendernos del dolor emocional y de los golpes a nuestro ego igual que nos defendemos de los golpes a nuestro cuerpo.
Por último cabe destacar que la máscara también sufre transformación, esta transformación incluye el proceso de duelo por la muerte de nuestro ser idealizado, para poder soltar la máscara es necesario volver a experimentar las heridas de la infancia que le dieron origen. Cuando sientas las similitudes, al tiempo que experimentas el dolor actual y el pasado, lentamente empezaras a entender cómo has recreado la herida de la infancia a partir de la idea errónea de que tenias de escoger la situación actual siguiendo el esfuerzo mal guiado por “ganar” amor en una situación en la cual originalmente, cuando eras niño, fuiste “derrotado”.

Para finalizar el trabajo es importante destacar la importancia que tiene la concepción de Jung sobre complejos, y Adler propiamente con sus sentimientos se superioridad-inferioridad.
En conclusión, según Adler todos nacemos sintiéndonos inferiores pues cuando somos pequeños no podemos valernos por nosotros mismos sino que necesitamos de los demás; se sabe que el mismo Alfred Adler padecía de este complejo, el lo experimento por medio de su hermano pues sentía celos de este es por eso que plasmo las experiencias de su niñez en el complejo de inferioridad, retomando las características de este tema, es evidente que estas características no solo se presentan en la niñez, también se presentan en la edad adulta; nos sentimos inferiores cuando observamos cosas mejores las cuales no podemos alcanzar.
De igual forma Adler formulo el complejo de superioridad, el cual no podría ser abarcado sin relacionarlo con el complejo de inferioridad ya que uno es complemento del otro.
El complejo de superioridad según el autor tiene como objetivo la búsqueda del poder y no necesariamente sobre otras personas, sino poder sobre sí mismo.
Ahora bien el ejemplo más adecuado desde nuestro  punto de vista lo observamos en la actualidad en las mujeres que buscan el afán de ser superiores. Una razón clave que explica por qué la imagen física se distorsiona para las mujeres, es que desde niñas nos han dicho cómo nos vemos, cómo nos debemos vestir, qué es una "niña bien", qué creen los hombres sobre cómo debe ser una mujer. Sumado a esto, encontramos los estereotipos de las caricaturas y cantantes con determinada vestimenta y físico. Por último, agregamos el modelo que da la madre, por ser la primera imagen que se presenta; se percibe cómo se ve una mujer madre, cómo llega a ser, y en muchas ocasiones, las quejas que va presentando por su físico, así como las comparaciones.                                                                                         Cuando todos estos ingredientes se mezclan se crea en una autoestima débil y con una autoimagen pobre, creando inseguridades personales.                            La forma en que la mente de estas mujeres trabaja es rechazar su propia imagen y no la que los medios le presentan. Se terminan rechazando ellas, porque ven como real lo de fuera y malo lo propio; la visión personal es que son feas, nada femeninas, nada sensuales y "deformes".                                                                                          Al tener estas ideas distorsionadas van creando complejos sobre el propio cuerpo, como el peso, la altura, el cabello, etc., todo por no cumplir con los estereotipos que creen que deben tener. Todo lleva a un sufrimiento personal y físico. Estos complejos de inferioridad que se dan en las mujeres van de la mano junto con el estilo competitivo actual, quien no es inteligente, carismático, lindo, según la sociedad actual no tiene las posibilidades de ser exitoso.                                                                                                                  En cuanto a la autoestima nuestra opinión es que todos los extremos son desfavorables, así que una autoestima muy alta o muy baja termina siendo dañina. Lo mejor sería tener buena autoestima en el sentido de quererse a sí mismo, aceptarse, valorarse, saber nuestros defectos y virtudes e igual seguir viviendo lo mejor posible. 

Por último podemos afirmar que las personas como parte de su naturaleza tienden a vivir en un conflicto interno entre lo que quiere ser y lo que realmente es, es decir, entre su Yo Ideal y su Yo Real. Es necesario conocer cuáles son nuestros ideales y metas a futuro porque así como lo proponía Adler en su teoría de los complejos, esto nos conduce a la superación personal. Pero también para poder superarse es necesario conocer nuestros límites, no hay que ir mas allá de lo que uno puede, a veces hay que simplemente aceptarse como se es, ya que si se sobre pasan esos límites se cae en el tormento de la frustración y esto genera aun mas inseguridades, desgasta nuestra imagen personal y nos lleva a pensar erróneamente que somos totalmente incapaces de lograr el éxito tan ansiado.                  



[1] Revista de Neuro-Psiquiatría 2004
[2] Jung (2001, pág.89)
[3] Jung (2001, Pág. 110)
[4] Alfred Adler, citada en Vargas Llosa “Entre el mito y la realidad” ebooks , pag. 82
[5] Adler, Alfred, “El Carácter Neurótico”, editorial Paidos, Buenos Aires, 1959, Pág. 49
[6] Adler, "Estudio de la inferioridad de los órganos", editorial Paidos 1980
[7] Adler, “Estudio de la inferioridad de los órganos” editorial Paidos 1980
[8]  ADLER, Alfred, Ansbacher H y Ansbacher R; “Superioridad e interés social”
[9] Tesis doctoral Ma. Alejandra Gallegos, 2010, pág. 45
[10] BRETT, Colin, “Comprender la Vida”, compilación de Alfred Adler
[11] FREEDMAN, A y KAPLAN, H, “Teorías neopsicoanalíticas de la personalidad”, editorial Paidos,
Buenos Aires, 1967, Pág. 14.
[12] Adler, El sentido de la vida, ediciones cibernéticas 2004, pag 56
[13] Bucay, 2005, p. 65